8Marzo

8 de marzo: nada que celebrar

A destruir-construir la política cultural desde y para lo femenino

El día de la mujer como fecha conmemorativa, más allá de ser un pretexto a la merced del consumismo, es un “día de” muy singular a los demás. Le dio existencia en las efemérides nada menos que a una lucha social altamente política, lo que de buenas a primeras puede sonar extraño, como si el “ser” (mujer) como hecho natural que es, no pudiese cuestionarse, no pudiese ser objeto de una política, una dialéctica, un caos, una lucha.

Y es que se trata de la política más importante e influyente de todas: nuestra política de vida privada, los pilares bajo los cuales apreciamos, construímos y valoramos nuestras relaciones sociales, nuestra conquista y desenvolver de los espacios públicos, nuestras expresiones culturales, nuestros símbolos, y más elemental aún, cómo vivimos nuestros espacios privados (como una cama, un baño).

El sistema cultural imperante, el patriarcado, cual hermanita del liberalismo imperante a su vez en el plano económico, parte de la base de la lógica del poder donde la mujer, lxs niñxs, ancianxs y los hombres que no reproducen el modelo (lo que es igual en términos patriarcales a no ser “exitoso”), son los últimos eslabones de la cadena.

Se desplaza así la lucha de clases en la política pública, a una lucha de egos en el campo privado, donde el hombre patriarcal pretende dominar por medio de la formación de la niñez, por la información diaria y de siempre, por el lenguaje, las artes, es decir, por la cultura misma, invisibilizándonos en la historia, la religión, la política, la economía, etc.



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