Ley-20.000

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA LEY 20.000 Y EL CONSUMO PERSONAL

I.- Introducción

Hoy por hoy, ha surgido una nueva relación entre los políticos, el público y los expertos penales, en la que los primeros dan más directivas, los expertos son menos influyentes y la opinión pública se torna un punto clave a la hora de evaluar las diversas opciones. La justicia penal es ahora más vulnerable a los cambios de estado de ánimo del público o a la reacción política. De tal modo que, se instituyen rápidamente nuevas leyes y políticas públicas sin consultar previamente a los profesionales penalistas y se ha reducido considerablemente el control experto de la agenda de políticas públicas como consecuencia de un estilo populista de hacer política[1]. A nuestro humilde entender este es el escenario en que florece la ley 20.000, donde la voz más escuchada es la de los medios de comunicación y un tema tan sensible como el tratamiento de la droga como política-país es reducido por la clase política a un análisis de cifras sin insistir en una comprensión cabal del tema. Área donde la opinión de los entendidos, los expertos del Derecho, finalmente queda reducida a susurros.

Planteada así la cuestión, hemos de indicar previamente ciertos conceptos y algunas reflexiones sobre el consumo que nos servirán de sustento, para luego adentrarnos en lo que nos reúne: la observación de la ley 20.000 y cómo el consumo personal[2] interactúa con ella.

[1] DIAZ GONZALEZ, Gonzalo Gabriel (2011), El control del narcotráfico, política criminal y proceso penal, Santiago de Chile: Librotecnia, pp. 54-55.

[2] Se hará principal referencia a la marihuana como sustancia en relación al consumo personal, puesto que la mayoría de nuestras consideraciones se aplican a ella y no necesariamente a otras sustancias psicotrópicas. De este modo, podemos evitar equívocos y mantener una coherencia a lo largo del texto.



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