Amor&Praxis

Amor y praxis

A propósito de que un 8 de Junio nace en Lima, Perú, el Padre Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, recordé que una amiga muy cercana me viene pidiendo hace algunas semanas textos sobre aquella interpretación del mensaje cristiano.

Mi amiga, como muchas personas, no se siente reflejada en el discurso religioso imperante, no la culpo, Jesús tampoco se sintió cómodo con la iglesia de su tiempo, y gracias al cielo –literalmente– que así fue.

Ahora bien, lo necesario de entender es que aquello que llamamos religión no es más que una construcción social construida sobre la base de una “interpretación particular e interesada” del Padre en la tierra, una posible, entre muchas.

El mensaje de Dios, como cualquiera otro discurso, pasa necesariamente por una interpretación hermenéutica, interpretación que como bien saben las ciencias sociales, no es objetiva ni subjetiva, sino interesada. Al mismo tiempo que se observa se construye el objeto, acto seguido se lucha por objetivar y naturalizar su existencia. El Cristianismo ha pasado y seguirá pasando por muchas interpretaciones interesadas; la teología de la Liberación es una de ellas, una entre muchas. Frente a este abanico de opciones nace la pregunta ¿existe un Cristo al cual seguir?, la respuesta es no. Existen interpretaciones que se pueden adoptar, y en base a ellas configurar la praxis social del cristiano.

Algo que puede ayudar a discernir por cuál de las  interpretaciones guiarse es el ejemplo de Cristo en su configuración terrenal, el Cristo hombre. Es ahí donde se juega el Cristianismo, en buscar hacer carne su palabra tomando su propia existencia como significante. Dependiendo de cómo interpretemos el mensaje es cómo se configurará nuestro actuar. Bien es sabido que algunos acomodan el significante de tal manera, que lo único que le queda de semejanza al mesías, es el olor a vino tinto.

Ante dicha premisa ofrezco un par de interpretaciones muy presentes en la iglesia de Dios:



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