Ampliaciones y Prolongaciones

Ampliaciones y Prolongaciones: Un vistazo a la visualidad de las construcciones antofagastinas, hoy.

A modo de prólogo[1]. La columna que escribo a continuación está construida desde una perspectiva que puede parecer para algunos un intento de banalizar un problema social latente en la ciudad de Antofagasta. Sin embargo, no sintiéndome responsable de tal bajísimo acto, me parece correcto aclarar que mi mirada en torno al tema de la inmigración en la ciudad y las paupérrimas condiciones de vida que los extranjeros han debido asumir no tan sólo en la ciudad, sino en el panorama “Chile”, proviene desde el campo de las Artes Visuales, razón por la cual creo prudente (de mi parte) referirme al problema desde las estructuras de conocimiento y herramientas de análisis que me son institucionalmente pertinentes.

 

 

Como entona esa peculiar canción: “Y verás como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero”[2]; es justamente como no son las cosas: a pesar de que el fenómeno social de la inmigración no es cosa de hace cinco, siete o cuatro años (es de hecho mucho más antiguo que eso, y que este país y su historia republicana), parece ser que de un tiempo a esta parte se ha transformado en un “problema social” que no deja, claro está, indiferente a nadie. Nuestra ciudad de Antofagasta se ha visto en el polvorín mismo tras aparecer en todos los medios de comunicación del país noticias que hablaban de marchas anti-inmigrantes y modestos brotes de algo parecido a la xenofobia.

 

Sin lugar a dudas, Antofagasta guarda históricamente una relación con las colonias de inmigrantes, no por nada celebramos todos los años un masivo evento donde se conmemora a cada una de ellas, sin embargo parece ser que la reciente y paulatina migración de ciudadanos colombianos, peruanos, ecuatorianos, entre otros, no despierta en los antofagastinos la misma curiosidad y pasión por conocer de otras culturas, que nos mueve a trasladarnos todos los años a pasearnos entre los stands de “las colonias”. ¿A qué se deberá ese fenómeno?, sinceramente no creo tener la respuesta, ni mucho menos una conjetura seria o bien fundada. Lo que sí tengo claro es que este fenómeno migratorio ha generado interesantes cambios a nivel de la ciudad como un espacio del “habitar”, como una expresión del “habitar”, mejor dicho. Me explico: la ciudad funciona de una manera muy similar a un ente orgánico, crece, se transforma, incluso es capaz de desaparecer, todo ello por acción directa (o quizás expresión directa) de sus habitantes, en este sentido, me atrevería a decir que el fenómeno migratorio en Antofagasta le ha otorgado paulatinamente a la ciudad una renovada “visualiadad”. Hemos visto aparecer en el centro y sus alrededores tiendas de comida, panaderías, peluquerías, tiendas de ropa, mini-casinos, que colorean la ciudad hablándonos de un paulatino proceso de adaptación. Es más, el fenómeno ha llegado a los sectores residenciales de Antofagasta, donde ya no es raro que al recorrer determinadas áreas de la ciudad encontremos casas con recién construidas ampliaciones, segundo, tercer piso, como expresión de una necesidad habitacional latente.

[1] Puede utilizarse también: “A modo de lavado de manos”

[2] ¿O es una manera demasiado obvia de comenzar el texto?



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