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Balance de un boicot

Llegado el día; mañana, tarde y noche son un desierto. Los estantes permanecen llenos de mercadería. No hubo que reponer nada, no era necesario. ¿Dónde quedó el vendaval de consumidores? ¿Asustados en sus casas?

Los despachos noticiosos confirman lo que ya es vox populis: Las ferias, los negocios de barrios, las abarroterías rebosan de gente, gente que no sólo compra mercadería, también responden gustosos a los periodistas. “¡Es el pago por la colusión!”, “Como clientes, debemos coludirnos en señal de molestia, para que entiendan que no se juega con el sueldo de los consumidores”. Las advertencias y vitoreo son manifiestas por los transeúntes. Durante la noche, los medios dedican más de 15 minutos en la noticia dominical: “Boicot ciudadano contra la colusión de las cadenas de supermercados. Un éxito de las redes sociales”. Pero hay hechos, que pretenden encubrir con esta “victoria”. Hechos, que es mejor callar, silenciar… contener.

No se trata -como pretende la prensa- de una reacción de consumidores para llamar la atención a los empresarios y exigir que éstos no se coludan. Se trata de las coordinaciones que los trabajadores han re-editado para comienzos del 2016, se trata de la organización, instintiva que surge de las poblaciones, de los sindicatos, de las organizaciones que el pueblo hace su herramienta, no tan sólo como señal de alerta, de alarma, de indicar molestia; también como demostración de fuerza. Casos se cuentan muchos.

No estaba el Facebook, pero Santiago y el resto del país, en 1960, durante la Huelga Larga del Carbón en la VIII región, recibía a cientos de niños y familias para ofrecerles la calidez de las familias trabajadoras capitalinas, para que los mineros lotinos y coronelinos hicieran frente a la tozudez de la empresa minera que se negaba a responder a las demandas de mejoras salariales y horarias que exigían los sindicatos del carbón. ¿Coordinación? La hubo a gran escala.

Más recientemente, durante el conflicto del pueblo de Coyhaique, por el alto costo de la vida en esa región, y la falta de soluciones concretas, los universitarios y trabajadores de diferentes puntos de la octava región se coordinaron e hicieron de un conflicto que era “noticia nacional”, “un hecho nacional”.

¿Ha sido cosa de ciudadanos? Naturalmente no. “Ciudadanos” es hoy, por hoy, una categoría periodística, sociológica, post modernista, que se utiliza para encubrir, para enmascarar, para confundir, para no decir trabajadores, para no decir pueblo. Pero eso no es lo que realmente importa, lo que importa es el alcance de las coordinaciones de los trabajadores, ya sea por hacer o dejar de hacer, que dan pequeñas muestras del titán dormido que comienza a despertar, que sale de su letargo convencido que éste régimen no puede seguir así.

Hay algunos que celebran la “fuerza ciudadana” que da un claro mensaje a los empresarios, para que éstos modulen sus costumbres y no pretendan aprovecharse de los consumidores. Quienes vitorean la victoria, desde ese punto de vista, es posible que aún no hayan comprendido que, mientras exista capitalismo, la colusión seguirá presente pues es un método habitual de los capitalistas, de los grandes empresarios. ¿De ética empresarial? ¡Ni hablar! ¡Una insensatez! ¡Una ingenuidad!

Es un primer paso, facilitado por las redes sociales… pero es un primer paso para el comienzo del año. Año en que las contradicciones seguirán mostrando colusiones, movilizaciones de todos los sectores del pueblo, en que el capitalismo se seguirá desnudando para evidenciar lo corrupto que es, y la inmoralidad que es capaz de alcanzar para continuar con la explotación del hombre por el hombre.

Pero también es un año de coordinaciones, no para mostrarle la boleta y la colilla de pago al empresariado, sino de coordinaciones para comenzar a pensar otra sociedad, sin explotación. La tarea recién comienza.



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