Subterra

Baldomero Lillo: “Subterra”: “Un juicio moral al capitalismo, y un pregón a la unidad ”

“…el pobre y el rico.

Mientras estos últimos se dan una vida holgada; en los hogares del proletariado

reina la miseria.

Mientras los hombres de oro pasean alegremente disfrutando de su fortuna;

el obrero trabaja sin descanso”

Vejotevea (1)

 

Hará un par de días, el periódico británico “The Guardian”,  anunciaba el cierre de dos de las tres minas de carbón actualmente operativas en el Reino Unido, situadas en el condado norteño de North Yorkshire, y, en el centro de Nottighamshire, por considerarlas “no rentables a largo plazo”. La decisión que fue comunicada por Michael Fallon, Secretario de Energía, a la Cámara de los Comunes,  de paso, afectará a 1300 empleos. La somera lectura de esta noticia, me dejó meditando y me obligó a arribar a dos conclusiones preambulares: Margareth Thatcher, la “dama de hierro”, ya fallecida, aún sigue campeando; la labor que comenzara a comienzos de los ochenta y que llevara a miles de obreros del carbón a quedar sin empleo va llegando exitosamente a su fin; y, claramente, la situación actual de la minería del carbón no era ni remotamente parecida, a comienzos del siglo XX, al menos en términos de considerársele un negocio “no rentable”.

En efecto, ya desde mediados del siglo XIX, la minería del carbón en Chile era un negocio boyante, administrado hábilmente y desde sus inicios por el negociante Matías Cousiño, que fundara en 1852 la Compañía Carbonífera de Lota. En sus manos, el “imperio negro” llegó a dejar tan suculentas ganancias que le permitió a su dueño construir una fastuosa mansión al más puro estilo dieciochesco-que nunca llegaría a habitar- y un fabuloso parque, en las verdes colinas que desde acantilados abruptos, miran hasta el día de hoy  las suaves y escondidas playas de Lota. De paso, también le permitió a los Cousiño, derrochar su fortuna intentando incorporarse a los salones de la lujosa decadencia europea de fines de siglo.

Lamentablemente, o como suele ocurrir, frente a ese despliegue de opulencia egoísta, la miseria entre el pueblo hacía de las suyas. Era el mundo de los mineros, que allí: “vivían en covachas minúsculas e infectas, amontonados, enfermos, estrangulados por el hambre. Sus salarios eran vergonzosos; no gozaban de legislación social alguna; la ley se aplicaba tan sólo para proteger a las compañías; las autoridades hacían la vista gorda frente a los innumerables  abusos; el gobierno-lejano, politiquero- no se interesaba en investigar condiciones que en todo caso, no iba a corregir”. (2)

    • [1] Vejotevea, seudónimo de un militante popular. “El Obrero”, Los Ecos del Taller, Valparaíso 25 de junio de 1887. (Extraído de “La Cuestión Social en Chile Ideas y Debates precursores. (1804-1902) Recopilación y Estudio crítico de Sergio Grez Toso. Centro de Investigación Diego Barros Arana).
    • “Introducción a los cuentos de Baldomero Lillo”. Fernando Alegría. Universidad de California, Berkeley. Revista Iberoamericana. Vol. LXXIX, Núm. 243, abril-junio 2013.“El escarpado camino hacia la legislación social”: debates, contradicciones y encrucijadas en el movimiento obrero y popular (Chile 1901-1924). Sergio Grez Toso. Cyber Humanitatis, nro.41 (2007) Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile.“Baldomero Lillo and Modernism”. Víctor M. Valenzuela.  Columbia University
      “Obra Reunida”. Baldomero Lillo. Ril Editores. 2010. Prólogo de Camilo Marks y compilación de Cecilia Palma.
      “Diccionario de la literatura chilena”. Efraín Szmulewicz. Editorial Andrés Bello. 1984.
      “Entre el infierno y el cielo. Dos obras de la narrativa chilena en 1904”. Juan Durán Lazo. Universidad Nacional, Costa Rica.
      “Subterra de Baldomero Lillo y la gestación de una conciencia alternativa”. Luis Bocaz. Universidad Austral de Chile, Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales. Estudios Filológicos. N.40. Valdivia. 2005.[1]


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