Bronte

CHARLOTTE BRONTÉ: “JANE EYRE”: Amor y pasión en la era victoriana.

 “Y yo pienso: Bello es lo que se ama…
Quien es bello lo es mientras está bajo los ojos, quien además es bueno, es ahora y lo será después.”

La Kalokagathia:
Safo s. VI a.C.

   Suele sucederme, de tanto en tanto, que alguna amiga no demasiado asidua a la lectura me pide que le sugiera un libro- algo como para mi-…me dicen…que es una forma de pedirte que les elijas un libro que las atrape, que las cautive, que puedan terminar de leer en definitiva y que no quede abandonado por allí. En estos casos…siempre pienso que las hermanas Brontë, Anne, Charlotte y Emily, son generalmente una buena elección…cualquiera que sea finalmente la novela recomendada: Jane Eyre, Cumbres Borrascosas, Shirley, Villete, Agnes Grey, o La Inquilina de Wildfell Hall…es difícil que una mujer se les resista…basta tener un poco de intuición para descubrir, en las heroínas de estas escritoras inglesas,  el carácter o la historia que fascinará el corazón de la lectora en particular…y está hecho. No quisiera que pensaran que se trata de literatura con minúscula, apenas unos folletines románticos del siglo XIX, por el contrario, saber leer a las Brontë, pasa por enfrentarse a ellas de forma materialista… “Yo soy yo y mis circunstancias…”, decía Ortega y Gasset…y las Brontë son sin lugar a dudas, hijas de su época, …fueron rebeldes, inconformistas, críticas, pero ¿qué criticaron?, o ¿de qué escribieron?…pues de aquello que como mujeres, les tocó vivir…la era victoriana.

Probablemente, el torrente de biografías y estudios acerca de este famoso trío de hermanas sólo es superado en los países de habla inglesa, por Shakespeare y Byron. Eso sin contar, con los cientos de miles de personas que han leído en todos los idiomas inimaginables alguna de sus obras, entre las cuales, las más connotadas son sin duda: “Jane Eyre” y “Wuthering Heights”. Y agregaremos…, a modo de atenuante para los que no han tenido el placer de conocer la pluma que evidencia los exaltados, y luminosos espíritus de estas hermanas, seguro, seguro que han visto alguna de las múltiples versiones cinematográficas que de ellas se han realizado. Sólo por nombrar dos…de mi gusto…no soy ninguna experta en la materia, me quedaría con: “Cumbres Borrascosas” dirigida por Peter Kosminsky, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche; y “Jane Eyre” dirigida por Cary Fukunaga y protagonizada por  Mia Wasikowska y Michael Fassbender.

Charlotte Brontë, nació en la considerada  “época heroica de la mujer en Inglaterra”, en la región de Yorkshire, el 21 de abril de 1816, y falleció el 31 de marzo de 1855. Todas sus hermanas, y ella misma, incluso,  contrajeron el bacilo de Koch…y acabaron sus días bajo el romántico signo de la tuberculosis. Hijas de un Pastor metodista, huérfanas de madre a temprana edad, vivieron zozobras y desdichas que marcaron su existencia. Producto de la muerte de la madre, de hecho, debieron de pasar varios años de su vida en un internado, en Lancashire, y las duras condiciones de vida que allí se les impusieron, acabaron tempranamente con María y Elizabeth, las dos hermanas mayores. Salvo su estancia en Bruselas, no vivió grandes aventuras. De lo que, sin embargo, sí estuvo plagada su vida, fue de desgracias familiares; tal vez la más traumática fue la muerte en menos de un año de sus hermanas con las que compartía su descollante y prodigioso talento, Emily y Anne.

Cuando en 1847, bajo pseudónimo varonil, Charlotte Brontë publica su “Jane Eyre” a través de la editorial:  Smith, Elder & Company, la Inglaterra victoriana ofrecía ya la doble faz del capitalismo, por un lado la inminencia de la “prosperidad”, el avance industrial, la consolidación de la burguesía como clase dominante, con su moral superficial, acotada a las “buenas costumbres” y los “modales refinados”; mientras en un plano subterráneo, el de la cruda realidad, las condiciones de vida en la ciudad era duras: proliferaban los burdeles, el trabajo y el maltrato infantiles, y un loco que se hacía llamar “Jack” asolaba las calles de Londres, ciudad contaminada y desnaturalizada.



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