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Ciudades verdes: la sustentabilidad urbana requerida | Parte III

Tráfico

El problema de la congestión vehicular, lo podemos observar cada mañana, cuando nos movilizamos a nuestro lugar de trabajo o estudio. Este problema, lo encontramos nuevamente, los fines de semanas, cuando pretendemos ir a algun centro comercial y buscamos un estacionamiento en donde dejar el automóvil. Mientras el automóvil sea un símbolo de lujo y de poder, éste objeto seguirá causando grandes dificultades y seguirá obstaculizando el desplazamiento de los ciudadanos en forma más fluida.

 Lo que 50 años atras era una bendición para el desarrollo, se transformó en pesadilla diaria.

Cabe mencionar, que el automóvil tiene un motor con una eficiencia que ronda el 45%. El resto del litro de bencina que echamos se emite en forma de calor y no tiene ninguna ocupación, salvo en invierno por corto rato para calefaccionar el interior. Es decir, que de cada tanque que llenamos en el carro, más de la mitad la volvemos a botar, sin hacer uso de ella. A esto se suma, un hecho no menor, un automóvil pasa la mayor parte de día parado. Es decir, no aporta nada a la utilidad de una sociedad, quita espacio, emite particulas indeseadas y se desvalora comercialmente entre un 15 a 20 por ciento por año. A la vista de estos argumentos, no es lógico que exista un parque automotriz que supere la capacidad de nuestras rutas. Si hacemos un cálculo macroeconómico sobre las horas de tacos tampoco la balanca es muy favorable hacia el tráfico particular. El diario semanal “Wirtschafts Woche[1]” de Alemania calculó que al año 2030, a Alemania los tacos de tráficos le costarán a la economía unos 520 mil millones de Euros por año.

La solución de este desafío comienza, entonces, en primer lugar, por cambiar la percepción de la ganancia y la pérdida que un vehículo nos trae. Mientras la industria de Marketing siga inculcando emociones con modelos de automóviles y el consumidor siga cayendo en esa seducción, poco o nada va a cambiar. En contra de esta tendencia, han surgido nuevas formas de ocupar un vehiculo. Modelos de “Car Sharing – vehículos compartidos” son implementados en cada vez más ciudades metropolitanas europeas como Berlin, Londres, París, Frankfort, Bern, Zurich, Vienna y otras. Adicionalmente, las mismas ciudades han comenzado a desarrollar el transporte público en desmedro del transporte individual privado. La meta a largo plazo debiera ser un transporte público de alta calidad, con una frecuencia de ruta regulada y a costo cero, es decir gratuito. Es probable que en este aspecto encontremos visiones opuestas. No obstante, hay que considerar que la gratuidad de la movilización, propuesta, se basa en que los carros a futuro, en una era post fósil, serán todos a corriente eléctrica o, alternativamente, a base de hidrógeno obtenido por la electrolisis, la cual requiere corriente eléctrica también. Esta a su vez, vendrá de fuentes renovables no convencionales, las cuales tienen mayormente cero o casi cero costo de producción (no así de inversión). Los carros eléctricos a su vez, en un futuro, serán una gran bateria de almacenamiento, la cual puede ser usada para diversas aplicaciones, entre ellas la estabilización de la red eléctrica que sufre justamente por las volatilidades de las energías renovables.

La ciudad sustentable del futuro, entonces, no elimina por completo el parque automotriz, sino lo integra a un concepto de utilidad pública, basado en la utilización de vehículos con funciones adicionales sobre servicios que ahora nos parecen futuristas. La ciudad del futuro aumenta, ordena y mejora el transporte público en un fuerte desmedro del tráfico individual particular. El servicio de la movilidad expedita, pasa a estar en el primer plano y no la pertenencia de la infraestructura. Esto va en correlación con la priorización de los servicios.

[1] http://green.wiwo.de/verkehr-2030-kosten-staus-520-milliarden-euro/



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