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Ciudades verdes: la sustentabilidad urbana requerida | Parte I

Según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas, hacia el año 2050, de los pronosticados 9,6 mil millones de habitantes sobre el planeta, alrededor de 6,3 mil millones habitarán en zonas urbanas. Esto equivale a un 66% de la población total. Comparable con el actual 54% de la población, que habita en ciudades y metrópolis, el aumento indicado equivale a un 12%. Es decir, que la fuerte tendencia de migración del área rural hacia las ciudades, se va a incrementar en los proximos 35 años.

Viendo esta tendencia, se hace necesario analizar cuáles son los desafíos que las ciudades del futuro deben enfrentar para sostener esta masa de nuevos ciudadanos y a la vez posibilitar a su población un estándar de vida aceptable, con una infraestructura adecuada y una calidad de vida sustentable. Si actualmente estamos en los principios de la era post fósil, las secuelas que esta era nos dejará, serán a largo plazo y de dificil manejo. Las emisiones de CO2, el material particularizado, los residuos químicos, las bolsas y botellas plásticas seguirán siendo un gran problema para el medio ambiente y para las ciudades, debido a que la transición energética, la del transporte y otros sectores de la vida tomarán tiempo en hacerse masivas.

Al momento de analizar cómo se define una ciudad ecológica y sustentable, vemos que no es fácil. Son diversas las interpretaciones que pueden existir, y éstas van a variar según el observador. Un planificador de áreas, lo ve distinto a un planificador de transporte, o al habitante mismo, inclusive.

Energía

Una ciudad es un gran consumidor de energía. En su mayoría, las urbes son como agujeros negros de la energía. Largas y costosas lineas de transmisión son necesarias, para acercar la corriente eléctrica a los consumidores. Al igual, se requiere, de una infraestructura vial para abastecer las ciudades con gasolina, petróleo, gas y otros portadores energéticos.

Una ciudad sustentable debería, a largo plazo, proponerse como meta, la autarquía energética. Es decir, que la ciudad misma genere la energía que necesita.

Esto suena a primera vista como un desafío sobredimensional, pero no lo es. Es lo que hoy en dia se está realizando en diversos proyectos pilotos en Europa, Asia y EEUU y se puede denominar como los principios de la autonomía energética.

Una ciudad alberga diversas fuentes energéticas, de las que en general, se está poco consciente que existen. La basura sería el ejemplo más representativo. Mientras en Latinoamérica y otras partes del orbe, la basura se considera como un residuo despreciable y de nula utilidad, en Europa, este bien energético es transado en los mercados como una fuente energética de alto valor calórico y bajo precio, es decir un negocio rentable.

Otro ejemplo, son las áreas libres de una ciudad, como las fachadas de edificios, techos de galpones, talleres, bodegas y muchos más. Todas estas áreas, pueden ser consideradas como una base para ser utilizada, ya sea en forma eléctrica, con paneles fotovoltaicos, o en forma calórica con colectores solares

Una gran fuente energética de la ciudad misma es también la calidad de los edificios. En general, el material de construcción, no es un buen aislante térmico. Los costos de calefacción en el invierno, se reducirían considerablemente al cubrir la casa, los edificios, con material aislante como el plumavit, por ejemplo. Eso es lo que, en paises como Alemania, Suiza o Austria se está implementando. Cabe mencionar, que estos paises tienen inviernos muchos más crudos que los del hemisferio sur, especialmente comparados con los inviernos del norte de nuestro país. Pero éstas medidas son un indicativo de que también en ésta área, en temas de eficiencia energética, existe un potencial que aún no se ha usado. Chile tiene una de las eficiencias energéticas más malas del planeta. Nuestros edificios, si bien sísmicamente muy resistentes, al momento de calefaccionarlos son quasi transparentes. Cada invierno se gasta un sin número de balones de gas para calefaccionar casas, sin que ello fuere necesario. Encubrir la casa con plumavit puede reducir hasta un 50% de los costos de energía térmica. Si se implementan vidrios dobles, se aumenta nuevamente la eficiencia. Si sumamos a todo esto, un sistema de calefaccion solar, la autonomía energética llega a niveles de sobre 85% a 90%, con un costo de producción cero. Muchos, sin embargo, observan estos hechos, como algo inviable o de dificil implementación. Se requieren de economistas aplicados que calculen el tiempo de amortización de dichas inversiones. Para los bancos y financieras sería un gran negocio basado en productos de “contracting” que aún se deben desarrollar para la economía local.

 



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