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Comiendo Veneno: El laissez faire chilensis a la industria transgénica

¿Recuerda usted a Blanca Nieves y los siete enanos? ¿Aquella escena donde una estúpida e ingenua señorita termina muriendo al comer una sospechosamente perfecta manzana roja que le entrega una veterana de dudosas intenciones? Bueno, le cuento que cada día somos todos un poco-muy blancanievemente tontos.

En este cuento donde todos somos protagonistas no abundan tan solo las manzanas envenenadas, sino que, por qué no decirlo, los supermercados casi enteramente envenenados. Asimismo, las brujas antagonistas no son verrugosas ni harapientas, de hecho perciben ganancias millonarias y se conocen con los nombres de Nestle, Kelloggs, Hellmans, Kraft, Lay’s, entre muchos otros.

Todo este escenario se materializa gracias a la industria de los alimentos transgénicos, la cual prolifera en nuestro país sin mayor regulación desde hace algún tiempo y nos enferma, literalmente, a todos cada día un poco más. Para entender esta, aún ampliamente ignorada historia, es necesario explicar lo que son este tipo de alimentos y las consecuencias que su comercialización e industria tienen en nuestras vidas.

Para muchos no será la primera vez que tropezamos con el vocablo “transgénico”, sin embargo la gracia será contar este cuento con la menor cantidad tecnicismos grandilocuentes para asegurar su máximo esclarecimiento. #Erahaceunavezlostransgénicos

¿Qué son los alimentos transgénicos?

En palabras simples y fáciles de recordar, son aquellos alimentos obtenidos de organismos genéticamente modificados por medio de la ingeniería genética. De ahí su otro nombre OGM o GMO, Genetically Modified Organism. ¿Modificados cómo exactamente? Pues incorporándole genes de un organismo distinto a otro, para obtener así resultados o características que el organismo, antes de ser modificado, no poseía. Es así que obtenemos, por ejemplo, perfectas naranjitas sin pepas y tomates mágicos que duran el triple de días antes de descomponerse, hasta incluso plantas insecticidas, que son capaces de defenderse solas de plagas y parásitos por habérseles incorporado material genético proveniente de bacterias[1]. Así es, leyó bien, cruza entre una planta y una bacteria. #Asco

Hasta ahora, todo pareciera ser ampliamente beneficioso para todos, que naturalmente solo conocemos la cara comercial y publicitaria de los productos, y nos mantenemos al margen del back stage existente en las cadenas de extracción, producción y manufactura previas a la inocente ida al supermercado. Sin embargo, este escenario esconde varios puntos de inflexión, ante los cuales el común de la población permanece obscenamente ignorante.

En definitiva… ¿Qué tienen de malo los infames transgénicos? Aquí se pone buena la cosa.

Sucede que los transgénicos son el eje de una de las polémicas más importantes a nivel mundial en los últimos tiempos -generando revueltas, movimientos sociales, impotencia e incertidumbre-, tildándoseles de plano como malos. ¿Por qué? ¿Sólo por ser un híbrido entre dos o más organismos? No.

[1] http://www.syngenta.com.mx/como-se-hace-un-transgenico.aspx



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