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CONSTRUYENDO MEMORIA COLECTIVA. Entrevista a Raúl Rocco Rojas, actor y director de la Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta.

In memorian al actor Omar Awad Vega, “El Turco”.

    ¿Cuántas veces muchos de nosotros hemos pasado caminando por la calle Condell -justo en la esquina que mira a un famoso restaurant de comida china, reconocido más por sus malas prácticas laborales que por su destreza en la cocina- sin saber que pasábamos por un edificio que ampara, tras sus murallas, más de cincuenta años de actividad artística en nuestra ciudad?  ¿Cuántos hombres y mujeres comunes, trabajadores, pobladores, no han pisado de hecho, un teatro en su vida, ni han visto una obra montada, ni han oído hablar jamás de Brecht, Heiremanns, Jorge Díaz, Ariel Dorfman, Chejov, Büchner, Shakespeare, García Lorca, Aristófanes, sólo por nombrar algunos grandes dramaturgos?, ¿Qué posibilidades existen hoy en día en nuestra ciudad, y en nuestra patria para que dicha situación se modifique?, ¿Cuántos de nosotros sabemos que el teatro se encuentra íntimamente ligado a la historia de las organizaciones obreras en las oficinas salitreras del Norte Grande?, ¿Cómo nos acercamos al teatro? Para resolver estas interrogantes, y para conversar de la historia del teatro en Antofagasta, y de los hombres y mujeres que vivieron y viven de y por él. Para hablar de  arte, de proyectos, de historia, de los que fueron y de los que han partido, y de los que hoy son, hemos llegado hasta el Teatro Pedro de la Barra a encontrarnos con Raúl Rocco Rojas.

Nuestro entrevistado es un hombre que se mueve con energía, es amable y  habla con voz grave y cultivada. En la medida que se desarrolla nuestra conversación, observamos que hila las frases con un ritmo particular, casi con celeridad, pero dándose la pausa necesaria entre idea e idea. Dimana de él una fuerza gravitatoria que gira y se deposita en las paredes desgastadas del viejo teatro Pedro de la Barra, que conoce como a sí mismo, y con el cual parecen formar una sola estructura.

¿Quién es Raúl Rocco? ¿Dónde naces, cómo llegas al teatro?

Yo llego por una inquietud que tuve desde niño, desde que era alumno de enseñanza básica, tenía mucha tendencia a interesarme por lo artístico, por los cantantes, por el cine, y mi mamá me estimuló bastante ese aspecto; de hecho, me enseñaba canciones, y yo cantaba y comencé cantando, en realidad, a los 8 años me subí a los escenarios a cantar canciones de Joan Manuel Serrat, y allí empezó a explotarse mi vena artística, porque participaba mucho yo en las veladas que hacían en la escuela, siempre y cuando había que hacer algo, yo me ofrecía y me gustaba, disfrutaba mucho de estar allí en el escenario. Y lo fui alimentando bastante, motivado por mi mamá también…

¿Todo esto aquí, en Antofagasta?

Aquí en Antofagasta, sí, yo soy de acá. Y, la verdad es que yo era el único de la casa que tenía esas inquietudes, los demás no se interesaban mucho en eso, y cuando llegó la adolescencia, debido a los amigos que yo tenía en el colegio, varié un poco, entonces me dediqué al deporte, hice mucho basquetbol en el estadio Sokol, y como que dejé de lado esta vena que traía de chico, pero una vez que ya salí de cuarto medio y entré a la universidad, me volvió otra vez esta inquietud. Y mi mamá me había llevado a mí al teatro de la Universidad de Chile, sede Antofagasta, que es donde se hacían las obras antes, que está acá, en calle San Martín, que un tiempo fue el Cine Colón -que daban películas eróticas, allí mismo-. Yo fui a ver mis primeras obras de teatro llevado por mi madre, y me acuerdo que yo quedaba maravillado. Entonces cuando salí ya de la enseñanza media y me fui a la universidad, me empecé a inquietar nuevamente y empecé a venir otra vez al teatro, y me recuerdo que ya ahí me empezó a despertar mucho la curiosidad y tuve la suerte de entrar a un grupo de teatro de aficionados, que se llamaba “El Errante”, en ese tiempo allí comencé a hacer con ellos obras de teatro, conocí a la que fue mi mujer durante mucho tiempo, y después cuando ellos desaparecieron, cuando el grupo se disolvió me quedé con la sensación de que…

¿Faltaba algo?

…Claro, me sentía vacío. Junto con mi polola, en ese tiempo, que fue mi mujer después, entonces, empecé a saber dónde podía seguir haciendo teatro, y por esas casualidades de la vida, que yo las agradezco enormemente, tuve la posibilidad de ir a ver una obra invitado por acá, por Teresa Ramos, “Otelo”, que estaban en ese tiempo dando en el Teatro de la Chile, y después que terminó la obra yo pasé, con mi polola, a saludar, y les dije que yo tenía mucha inquietud, que quería hacer teatro. Y ella me dijo- Anda el lunes, estamos iniciando una obra nueva, y vayan -nos invitó a los dos-. Y desde ese día, no me fui más, no nos fuimos más, en realidad porque quedamos acá los dos. Empezamos a trabajar con ellos, y a aprender con ellos en realidad. Hicimos desde el año ’81 hasta el año ’85 que yo salí de la carrera de Castellano en la Universidad del Norte, donde estaba estudiando, estuve en prácticamente una especie de academia, era un “hacer para aprender”, y tuve la fortuna, y tuvimos la fortuna también, porque nos contrataron a los dos. Después que salimos,  egresamos, nos contrataron y nos dedicamos a esto, empezamos ya a trabajar en forma profesional…

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Fue una suerte providencial…

Providencial, de esas cosas que yo no termino de agradecer, porque sé también que es muy poca la gente que puede vivir de esto y dedicarse a esto completamente, mucha gente que le gusta, que tiene que estar haciendo otra cosa y dejar un tiempo libre para poder hacer teatro. Entonces, en ese sentido, para mí ha sido una maravilla haber podido vivir y dedicarme por completo a esto.

Eso hace una diferencia sustancial entre las personas, cuando pueden hacer lo que aman…

¡Claro que sí!.

¿Cómo nace la Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta que tú diriges?

La Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta tiene sus orígenes el año ’62, cuando un grupo de estudiantes del Pedagógico que había en ese tiempo, que fue el germen de la Universidad de Chile sede Antofagasta, se inquietaron por hacer un grupo de Teatro y lo dirigía, en ese tiempo, Alfredo Carrizo. Estaba allí Teresa Ramos que es una de las pocas fundadoras que queda. Y ellos empezaron a hacer un grupo de teatro en el que montaron sus primeras obras, y en ese mismo año ’62 tuvieron la suerte que Pedro de la Barra (1) que estaba en Arica en ese momento tratando de formar un teatro regional los viniera a ver. Y Pedro de la Barra, en ese año ’62, vio el estreno que ellos hicieron de su obra…

¿Estamos hablando del Teatro del Desierto?

Del Teatro del Desierto, justamente. Y Pedro de la Barra se dio cuenta de que la fuerza estaba acá, porque en Arica no había encontrado. Acá había una buena semilla que plantar y se quedó acá. Él pidió hacerse cargo y comenzó la etapa de profesionalización de toda esa gente que quería hacer teatro. Pedro de la Barra empezó el trabajo más profesional, contrató más gente, equipos de profesionales, escenógrafos, maquilladores y se produjo todo el fenómeno que durante toda la década del sesenta marcó un hito importante acá en Antofagasta y en el norte. Esa fue la Universidad de Chile, sede Antofagasta, que era la compañía que en ese tiempo estaba disponible acá haciendo teatro bajo la mano, la dirección del Premio Nacional de Arte, Pedro de la Barra. Él estuvo hasta el año ’74. Después del golpe -el entrevistado se refiere al golpe militar de 1973- él se autoexilió…hubo mucho cambio en todo…y la verdad es que él…

¿Sufrió presiones de alguna naturaleza?

También, claro. Finalmente se fue.

¿Adónde se fue?

Se fue a Venezuela, autoexiliado.

¿Fallece en el exilio?

Sí, murió el año 1977, tres años más tarde, producto de un cáncer, allá en Venezuela, y fueron repatriados sus restos creo que el año noventa y tanto.

Pero, la Compañía siguió funcionando sin él, con sus discípulos. Se llamaba Compañía de Teatro de la Universidad de Chile, sede Antofagasta, trabajaban en esta misma casona -Raúl hace relación al edificio de calle Condell # 2495, dónde nos encontramos- y hacían sus presentaciones en el otro teatro. Y el año ’78, Angel Lattus (2) se hace director de la compañía, ya desde esa época, hasta cuando yo entré que fue en el año ’81. Y justo ese año de 1981 debido a la reforma universitaria, se fusionan las universidades la Técnica del Estado, con la Universidad de Chile sede Antofagasta, y forman la Universidad de Antofagasta, por lo cual la compañía pasa a llamarse como se llama ahora, y se empieza a desarrollar. Cuando yo ingresé el año ’81, ya era Angel Lattus el director, y toda la vida en que yo he estado acá, hasta hará como ocho años atrás que Angel Lattus tuvo que jubilar y no podía seguir siendo director, asumió Alberto Olguín (3), hasta que Alberto se hizo cargo de la carrera de artes escénicas de la Universidad, y quedé yo como director. Esa es toda la historia resumida de cómo nació este teatro.

Detengámonos en Pedro de la Barra, hablemos de su legado, mirado hoy en retrospectiva, porque él marca efectivamente un hito, él viene hasta la ciudad, detecta acá una simiente, y le da el impulso, ¿cómo lo ves tú?, ¿cuál es tú apreciación?

Bueno, yo lo valoro como esos milagritos que me pasó a mí cuando tuve la suerte de estar  justo en ese momento en que me invitaron a trabajar acá y es como esas cosas que coinciden, que se unen los astros, etc. El hecho que Pedro de la Barra haya podido venir, haya podido ver y haya decidido quedarse y desarrollar todo eso, porque yo creo que si este teatro, este año cumple 54 años de vida ininterrumpida, dependiendo y mantenido por una universidad estatal…

Lo que la hace completamente peculiar

Sí, sí es un hecho muy singular, y es gracias a esa base que hizo Pedro de la Barra, que era un gran formador, un gran hombre de teatro que preparó a todos esos discípulos que formó de una manera tan motivadora que permitió que ellos continuaran con eso.



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