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Crítica Mutilada

No soy conocedora de las obras de arte, menos aún podría entregar una idea detallada de las distintas expresiones y formas en que éste puede desenvolverse. Soy, a suertes, una observadora imparcial, no por opción, sino por desconocimiento. Quizá esto sea positivo, pues puedo ver una obra de arte y opinar desde las entrañas: no hablaré sobre la iluminación, la utilización del espacio,  del color o de la forma, pero sí podré decir qué sensaciones y sentimientos me evoca, e incluso me arriesgaría a decir algo sobre la ejecución, que probablemente estará mal, pero me atreveré a decirlo. Y es que el atrevimiento es importante, por más que nuestros padres se empeñasen en señalarnos lo contrario, otorgándole toda una significación negativa a una palabra que, por lo demás, ejemplifica todas aquellas trasgresiones que han moldeado, sea para bien o para mal, nuestra modernidad.

En este estado propio de cosas es que me encontré hace unas semanas con el infame mural de Izak, un conocido graffitero/muralista antofagastino, al que le digo infame porque eso es lo que los medios quisieron hacer de éste, una especie de descrédito pictórico, de molestia visual en virtud de su contenido. Y he aquí que vamos al meollo de los temas sobre los que quiero expresarme: la manipulación de los medios para crear problemáticas en lugar de entregar información objetiva, y peor aún, la facilidad con la que la gente se impregna de esas ideas y su incapacidad de abrirse a lo diferente, a lo “chocante”, a lo incómodo.

Yo vi el mural, y de buenas a primeras lo encontré “fuerte”, es decir, claro que se trata de una mujer mutilada, de una hermosa mujer sin nariz, en un espacio frío, quirúrgico, casi de carnicería. Frente a este tipo de cosas somos más bien básicos, la visión me molestó. Pero he aquí que debemos ser capaces de ver la diferencia entre lo que sentimos a prima facie, que suele ser lo buscado por el autor y lo que somos capaces de ver tras el ejercicio mental de la comprensión.

Me encontré juzgando la imagen por lo que sentí en un principio, pero luego recordé que el arte o sus distintas manifestaciones son formas de expresión, poseen significados que al otorgárseles, deben constituir más que el sólo sentimiento animal que se produce al ver algo que nos desagrada, y allí descubrí que el trabajo estaba bien logrado, y que lo sentido era sano. Me hubiese preocupado más ver una mujer mutilada y que la imagen se me hubiese antojado bella, pensé que si queremos ver arte tenemos que prepararnos para ver no sólo aquello que nos gusta, que encontramos “bonito”, que nos eleva.

El arte también puede ser degradación, también puede ser oscuridad, también puede y debe ser descontento, crítica y quejas. No somos quiénes los observadores para decir siempre: “esto debe ser visto y esto debe ser ocultado”, pero sí podemos decir: “no me gusta, es feo” o “me agrada, qué lindo es”.



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