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Eduardo Galeano: El Libro de los abrazos. El narrador de la memoria colectiva.

“Todas las glorias del mundo caben en un solo grano de maíz”.

José Martí

      La primera vez que supe del escritor uruguayo Eduardo Galeano, aún teníamos la suerte de contarlo entre los vivos. Lo cual, para esos tiempos, y dada su trayectoria, resultaba toda una proeza. Desde mediados de los 60’, la oficialidad de nuestros ejércitos, educados en la doctrina de Seguridad Nacional en la siniestra Escuela de las Américas, financiada y sostenida por el Imperialismo, habían tomado el poder, ahogando en sangre el avance popular, en gran parte de Latinoamérica. En Chile, llevábamos más de una década de dictadura, conocíamos la “mano dura”, los crímenes, la traición, la ferocidad. Se respiraba ese ambiente oscuro y asfixiante, que narrara anticipatoriamente Juan Carlos Onetti, en su novela “Para esta noche”. Yo misma era una iniciada en el movimiento de resistencia. De tal manera, mi encuentro con la literatura de Galeano, por entonces exiliado en España, no podía ser sino, clandestino y fugaz.

   Su monumento al despojo de nuestros pueblos: “Las venas abiertas de América Latina” (1971), por el que obtuviera el connotado premio “Casa de las Américas”, estaba entonces, censurado por las dictaduras de Argentina, Brasil y Chile. Con el tiempo contado para devolver el libro, leí con premura la introducción, y la frase rescatada de la proclama de la Junta Tuitiva de la La Paz (16 de julio de 1809), que retumbaría en mis oídos y en mi consciencia por mucho tiempo: “… Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez” (1). Galeano comenzaba así un relato fervoroso, documentado, honesto, ágil, y terrible de cómo mi patria, y la Patria Grande de Bolívar había sido esquilmada, robada, saqueada, asesinada, violentada, subyugada desde mucho antes que Pinochet y sus secuaces se hubieran hecho con el poder. Sentí rabia, impotencia, tristeza.

Ese libro, era una particular clase de economía política y de historia, era una narración descarnada de un genocidio, la historia de la explotación y sacrificio de millones de seres humanos en el altar de un sistema despiadado de opresión y muerte,

era también un llamado a la sublevación, era finalmente, un inventario detallado de nuestras tragedias y epopeyas, de la hazaña diaria de vivir de nuestros pueblos, contra la voluntad persistente de los poderosos y el capital.



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