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Encuentro por la memoria y por la tierra. : A 110 años de la Matanza en la Plaza Colón

“Los muertos, abrazados a mí, callan en todas las lenguas”

Ingeborg Bachmann

 La memoria da profundidad a la existencia, sentido- señalaba Hanna Arendt- la memoria es el poder del espíritu para hacer presente lo que es irrevocablemente pasado, recopila y recuerda lo que de otra forma estaría condenado a la ruina y al olvido. Precisamente, ese es uno de los objetivos que se ha propuesto la “Coordinadora 6 de Febrero”; recopilar, recordar, rescatar del olvido un hecho terrible de la historia de la lucha obrera de estas tierras, la matanza de la plaza Colón, que este sábado conmemora 110 años. Pero también, a propósito de esta jornada, los participantes de esta coordinadora, intentan articular el problema de la contaminación medioambiental que atraviesa todo el Norte Grande, producto del saqueo extractivista de los recursos naturales por parte de la Megaminería.

“La Plaza Colón de Antofagasta, creció encima de sangre obrera” -escribió Andrés Sabella– refiriéndose a la masacre de aquel 6 de febrero de 1906. Una más, debiéramos agregar, entre las masacres perpetradas por la oligarquía local contra la clase obrera ya en los albores del siglo XX. La Matanza de la Escuela Santa María de Iquique le seguiría en 1907, pero ya antes el proletariado había ofrendado a sus hijos en Valparaíso el 12 de mayo de 1903, y en la llamada “Huelga de la Carne”, en la capital un 24 de octubre de 1905.

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Como tantas peleas que han dado los trabajadores, a lo largo  de la historia, la demanda era sensata, justa, y fruto de  necesidades imperiosas por alcanzar cierto nivel de dignidad,  en medio de la explotación y la opresión. Se trataba de  obtener media hora extra para tener en definitiva una hora y  media de almuerzo, situación que era la norma general en el  país, salvo en Antofagasta, lo que se justificaba ampliamente  dado que la mayoría de los trabajadores vivían- como no- en l  la periferia de la ciudad, de tal modo que no les alcanzaba el tiempo para ir a sus hogares a compartir con sus familias. A dicha solicitud accedieron la mayoría de las casas y firmas comerciales de la ciudad, con excepción de Ferrocarril Antofagasta Bolivia (F.C.A.B), por entonces en manos inglesas.

Frente a la posición intransigente de la empresa de ferrocarriles, los obreros hicieron uso legítimo de la Huelga, la que fue votada en la sede de la mancomunal Gran Unión Marítima, un 29 de enero de ese año. Al día siguiente, Antofagasta se mantuvo paralizada, y las faenas marítimas y el ferrocarril no operaron con normalidad. La guerra estaba declarada.

El diario “El Industrial” de Antofagasta publicaba, el 30 de enero: “Se acaba de iniciar un movimiento obrero encabezado por los operarios del Ferrocarril, para conseguir una jornada de ocho horas y una hora más para almorzar tranquilos.”

12656394_10208298429637535_1029656516_o La sensatez y justicia de la demanda choca contra la tozuda  posición de la empresa de ferrocarriles, y la burguesía no  tarda en tomar posición al lado de los suyos, apoyados desde  la Intendencia, que autoriza la formación de una Guardia civil,  supuestamente organizada para hacer frente a posibles  disturbios. La clase obrera no da pie atrás y el movimiento se  alarga. Los huelguistas convocan a una manifestación en la  plaza Colón para el 6 de febrero a las cinco de la tarde. Todo  el escenario estaba montado para la tragedia.

Fuentes diversas de la época, cifran la participación en más de dos mil manifestantes, quienes ven transcurrir la actividad en relativa tranquilidad hasta que la creatura de la reacción burguesa, la Guardia Civil, debidamente armada para la ocasión, abre fuego contra ellos. Los trabajadores se defienden con piedras, e intentan huir hacia la costa, pero por allí, la Marina también dispara, provocando un fuego cruzado que consolida la masacre.

La memoria que da profundidad a la existencia, la memoria que nos permite dar una lectura sin ánimo fatalista, la memoria que rearma las conciencias y acera las voluntades es la que la “Coordinadora 6 de febrero” busca recuperar con las actividades que se han venido realizando desde hace un par de semanas, y que ha contado con pasacalles, pegatinas, conversatorios, lienzos, un sentido recorrido por el Cementerio General, donde yacen un par de almas que ese día fueron asesinados, y una memorable lectura poética “Deja que los perros ladren”, que se realizó el pasado 23 de enero, en el restaurant “La Leonera” de nuestra ciudad, que ya resulta ser un centro reconocido de encuentro artístico y social.

Probablemente, el matiz creador de los organizadores de estas actividades, se definirá particularmente este sábado 06 de febrero en la Plaza Osvaldo Ventura López, al costado del Museo de Antofagasta, donde, desde las tres de la tarde, se dará punto final a más de dos semanas de duro y generoso trabajo. Allí, la cita es con conversatorios, talleres, música, y un festín comunitario y abierto, para conocer, recordar, meditar, reflexionar, y debatir críticamente no sólo sobre los hombres que cayeron aquel fatídico seis de febrero, sino también para instalar otras luchas que los trabajadores de estas tierras del fin del mundo debemos dar, en la preservación y defensa de nuestros territorios frente al saqueo irracional de la naturaleza.

No existe mejor manera de rendir homenaje a quienes, con unidad, enfrentaron su destino, que acudir a esta invitación a reunirnos en su nombre y acometer las tareas que como trabajadores tenemos pendientes. Por la memoria y por la tierra, diremos, ¡presente!



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