Teresa-Wilms

Ensayo Teresa Wilms Montt

A lo largo del tiempo, los derechos del género femenino han sido vulnerados y trasgredidos a causa de diversos conflictos sociales. En determinados contextos geográficos y en épocas particulares, las mujeres han sido renegadas y obligadas a cumplir el rol de esposa obediente y madre sumisa, apartándolas de la natural exploración de las artes y las humanidades.

Chile de a comienzos del siglo XX contemplaba un escenario represivo. “La mujer era segregada y al contraer matrimonio pasaba a ser patrimonio de su marido con o sin su consentimiento, ya que el matrimonio era arreglado por la familia de ambos para mantener sus intereses económicos y si trabajaba no tenía derecho a recibir su salario como lo hacían los hombres”[1]

En este contexto nace Teresa Wilms Montt, proveniente de una familia aristocrática y conservadora. De espíritu libre y belleza desbordante, el poeta Vicente Huidobro la definió como: “la mujer más grande que ha producido la América. Perfecta de cara, perfecta de cuerpo, perfecta de elegancia, perfecta de inteligencia, perfecta de fuerza espiritual, perfecta de gracia”.[2]

De adolescente manifestó su desprecio por las convenciones sociales a las cuales se encontraba sometida. Halló parte de la libertad que buscaba a través de la poesía y la escritura, volcando en sus diarios la angustia y ansiedad de un corazón joven y desolado por la represión y las injusticia a la cuales se veía abrumado su género.

Gobernada por la pasión y atormentada por la represión que sufría en su hogar, decidió casarse con Gustavo Balmaceda Valdés sin el consentimiento de su familia, con quien tuvo dos hijas. Sufrió la desdicha de un matrimonio tempestuoso que gatilló la búsqueda constante de un amor ideal, personal, nebuloso y fragmentado, un amor de trascendencia que nunca halló y que retrata en sus versos:

[1] “La mujer en Chile”, Andrea Osorio, marzo del 2003, Centro de estudios Miguel Enríquez.

[2] “La que murió en París”, Punto Final N° 540 marzo del 2003



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