El oso que no lo era

Frank Tashlin: “El Oso Que No Lo Era”: un cuento infantil….para leer y leernos…

 “La literatura infantil no es una pastilla pedagógica envuelta en papel de letras sino literatura, es decir, mundo transformado en lenguaje.” (1)

Christine Nöstlinger

Dedicado a Emma…cuyos ojos sólo me hablan de hadas.

   De niños solemos acercarnos a la literatura, a través de quienes cuidan de nosotros: padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas… son ellos quienes provocan el primer acercamiento… leyendo para nosotros historias plagadas de duendes, hadas, brujas, gnomos, gigantes, dragones, sirenas, centauros,  príncipes y princesas, mágicas historias de reinos lejanos…todo un abanico de personajes maravillosos que habitan en mundos increíbles. Lo que suele conocerse, como “literatura infantil”.

La literatura infantil, no obstante, es anterior al libro y de difusión muchísimo más democrática. Todo el acervo de  leyendas, mitos, y épicas que constituyen la literatura oral, de los pueblos primitivos  y antiguos contiene elementos de discurso literario infantil. Aunque no es menos cierto, también, que hay quienes establecen sutiles diferencias entre los mitos y leyendas…y su progenie: los cuentos de hadas. Es definitivo, sin embargo, que dichos cuentos llamados también “Märchen” en alemán, no eran otra cosa que cuentos folclóricos, que fueron adaptados:

“Primitivamente, los cuentos folclóricos coleccionados por los hermanos Grimm y otros no eran “fabulosos”, ni estaban limitados a una cierta edad. El cuento, en sus comienzos, era narrado por y para adultos (en Alemania, tanto por hombres como por mujeres). Los narradores formaban parte generalmente de las clases más pobres: eran empleados, pequeños arrendatarios, changadores, labradores, artesanos, pastores, pescadores, marineros y también mendigos. Son las clases más bajas las que escuchan y narran los cuentos (2).”

De este modo, ni los cuentos de hadas eran para niños ni formaban parte de la educación burguesa “el cuento de hadas folclórico siempre se relaciona de alguna manera con la clase inferior y extremadamente explotada, de modo que se puede percibir la conexión con la situación social y la condición servil” (3). Es en este sentido que, vinculado a su origen, él puede manifestar el rechazo de sus condiciones de trabajo del campesino sometido al señor feudal, aunque exprese igualmente la imposibilidad de transformarlas ya que toda mejoría experimentada por el héroe solitario proviene del empleo de la magia y de los protectores fantásticos (hadas, caballos alados, etc.) a los que él se subordina.

De tal manera, en un principio, la literatura que hoy conocemos  como “infantil” no iba exactamente dirigida a un público de infantes, sino más bien a uno heterogéneo pero indiferenciado, que probablemente se reunía en torno a una fogata, a los pies de un árbol, o en la plaza pública… donde se mezclaban hombres y mujeres, niños y niñas.

Por otro lado, es claro que siempre ha habido una tensión ideológica entre el contenido literario y  lo pedagógico en la literatura infantil, por eso, es preciso, no confundir libros infantiles con literatura infantil. La literatura infantil es un género artístico y su lectura procura una experiencia estética, emocional y lúdica. La literatura infantil puede ser complementaria de los textos escolares, pero constituye más que eso, es una forma de descansar de dichos contenidos.

La literatura infantil, no debe pensarse sólo dirigida a niños y adolescentes, es más,  la buena literatura infantil contribuye y otorga una perspectiva humana e historias que la hacen absolutamente indispensable para la educación de los adultos (entendida educación más allá de la simple entrega de contenidos, sino más bien como la formación de la conciencia) y para mejorar la relación con la parte más joven de la sociedad.  En este sentido, señalaba con lucidez Joel Franz Rosell:



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