La falsa pista

Henning Mankell: “La falsa pista”: las infamias del capitalismo y el camino a la barbarie

 

La trata de personas es uno de los negocios ilícitos más lucrativos en Europa, donde los grupos criminales obtienen unos beneficios de tres mil millones de dólares al año, siendo éste un negocio considerable que se abastece de la población mundial más marginalizada.

En Europa, unas 140,000 mujeres se encuentran atrapadas en una situación de violencia y degradación por motivos de explotación sexual, y una de cada siete trabajadoras sexuales han sido esclavizadas en la prostitución a consecuencia de la trata de personas.

De manera global, una de cada cinco víctimas son niños, aunque en las regiones y subregiones más pobres, como en África y el Gran Mekong, conforman la mayoría de las personas traficadas. Por su parte, las mujeres equivalen a dos tercios de las víctimas de la trata de personas en el mundo.” UNODC (United Nations Office on Drugs and crime)

En el mundo de hoy, ha quedado en absoluta evidencia que ni el más elaborado de los maquillajes logra cubrir de manera permanente  y total  el brutal e inhumano rostro del capitalismo. “Estos son tiempos de crisis, lo que parecía estable y eterno tiembla y se resquebraja, se degrada y zozobra, el Estado de bienestar, los derechos sociales, las instituciones económicas de posguerra, el sistema político-partidario tradicional, los “pactos sociales” entre las burocracias sindicales y las patronales.” (1) El sistema exhibe hoy con todo descaro sus obscenidades, la riqueza de una minoría, el lujo, la modernidad, frente a la pobreza inhóspita y marginal de las mayorías; la explotación sin límites, la prostitución, la trata de personas, la persecución y criminalización de la protesta social, la etnias arrasadas, el genocidio y  la matanza, el robo, el saqueo, la ignominia instalada con toda propiedad.

Y como todo sistema que flaquea en la base, flaquea también en la superestructura; los vicios son elevados por medio de sofisticados juegos pirotécnicos a encomiables virtudes. Ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace, no transar,  no negociar con los principios, priorizar siempre los valores, a los ojos de este sistema, es un discurso anacrónico y anquilosado. Hamlet nos decía: “Algo huele mal en Dinamarca”… la verdad es que hoy, el mundo entero huele a podrido.

En este orden de cosas, o más bien, en este caos irredargüible que es el capitalismo, ningún país queda ajeno, la globalización han transnacionalizado todo, hasta el crimen. Incluso aquellos que bajo la guía de la socialdemocracia y el reformismo habían instalado aparentes e ilusorios jardines del Edén, ven colapsar sus sociedades sin comprender que perverso e invisible mal se apodera de sus compatriotas, para hacerles cometer transgresiones, delitos, de tal envergadura que van contra la naturaleza misma del ser humano.

Suecia, es, o era, en rigor, el modelo de las virtudes, la sociedad civilizada por antonomasia, progreso, equidad, democracia, incorruptibilidad de sus instituciones, el non plus ultra de la vieja Europa. Y he aquí, que en sus nórdicas tierras, en Ystad, la más  meridional de las ciudades suecas, justo frente a las heladas aguas del mar Báltico, nuestro autor, Henning Mankell, nos relata



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