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Huelga de los mineros de Escondida. La unidad de la clase trabajadora.

Recordar siempre es útil para combatir la fragilidad de la memoria. A veces olvidamos que el capitalismo es el resultado de un grado de desarrollo histórico de la sociedad productora de mercancías. Es decir, su nacimiento respondió a un determinado estadio de madurez del modo de producción(1) feudal, y su extinción está aparejado con su avanzado nivel de desarrollo, en su “madurar” va creando las condiciones para su superación. Los primeros inicios de la producción capitalista ya se nos presentan esporádicamente en los siglos xiv y xv […] pero la era capitalista sólo data del siglo xvi (2). De ahí a nuestros tiempos, el orden capitalista ha conseguido extenderse, prácticamente a todos los rincones del planeta, y en ese fenómeno globalizante ha impuesto su modo de funcionamiento al conjunto de la sociedad, formando paulatinamente dos clases principales, los trabajadores y los capitalistas. La división en clases y estamentos de la sociedad existe mientras siga existiendo explotación, de una clase sobre otra. Hasta aquí el ayudamemorias.

El capitalismo es un modo de producción caótico, capaz de crear monumentales riquezas y asombrosa tecnología, pero a un coste astronómico. Ciudades devastadas, naturaleza contaminada, países sumidos en la ruina, desnutrición infantil, es parte del saldo que deja. El sistema se ha demostrado incapaz también de generar bienestar económico sin crear paralelamente bolsas inmensas de privación (3). La “mano invisible” que regula el mercado, como lo planteó el filósofo y economista escocés Adam Smith, no es tal. Así, cada cierto tiempo somos testigos de los derrumbes de las bolsas de valores, de la especulación bursátil, de la caída de la industria inmobiliaria, o de otra “bancarrota” industrial. La reciente crisis general del capital comenzó el 2008, afectando a todo el orbe hasta hoy, moviéndose por todo el mundo sin hallarse soluciones. El carácter de la crisis, como parte del capitalismo, no es coyuntural, es histórico. Afecta del mismo modo a la economía, como a la política y a las sociedades en su conjunto. En la medida que se desplaza de Europa a América, de ahí al Asia, al África y de vuelta, profundiza las contradicciones de la lucha de clases, y nos llega de vuelta la crisis del capital.

Chile cuenta con una economía dependiente de la explotación de materias primas, de las cuales el cobre es la principal. En el otro lado del mundo, China, con la reinstalación del capitalismo desde los 80s, hasta ahora es la principal compradora del metal. Pero el gigante asiático ha venido congelando su ritmo -también debido a la crisis general del capital-, y esto ha mermado el ritmo de producción del sector industrial minero. Pasada la bonanza del superciclo del cobre(4), el empresariado minero, una vez calculado el efecto y procurando sostener sus tasas de ganancias, inició masivos despidos. La reducción del número de trabajadores, no se tradujo en reducción de productividad de las mineras. Los trabajadores que no eran despedidos eran más explotados. De esta manera se mantiene la minería los últimos años. En este escenario se desarrolla la negociación colectiva de la minera privada más grande del mundo.

Así como los demandados metales se hallan debajo de la superficie terrestre, en la negociación colectiva y en la huelga de los más de 2.500 trabajadores de Minera Escondida se halla la lucha de clases. La burguesía criolla lo sabe, y echa a andar su maquinaria propagandística para evitar su amplitud a otros sectores. Destaca como “insulto” el que los mineros pongan como término de conflicto un bono de 25 millones. ¿Acaso no es insultante pedir a los mineros sostener el nivel de producción considerando que son cientos los despedidos? ¿Tal vez los números no les alcanzan para mantener sus fabulosas ganancias directivas? ¿Cuántas horas de producción habrían sido suficientes para resolver el pago del bono? Las noticias y los medios inclinan la crítica en la intransigencia de los mineros movilizados, ¿No habrán sabido los medios que con la nueva negociación, los beneficios conquistados en sucesivas negociaciones previas, ya de varios años, fueron borrados de un plumazo por la empresa? ¿No será eso una muestra de intransigencia? La actitud de silencio de la empresa, incluso, llega a ser cuestionada por uno de los acérrimos defensores del capitalismo, el Opus Dei y abogado conservador Joaquín García-Huidobro en su última columna en El Mercurio, “La mina más pobre del mundo”. Cosa rara, pero no tan rara.

La crisis del capital es profunda, y sus efectos están a la vista; los trabajos son escasos, mal pagados mientras el costo de vida aumenta; las pensiones son una burla para toda una vida de trabajo; la corrupción entre empresarios y políticos del régimen es pan de cada día; las mentiras y el robo –legalizado- por parte de las empresas, reflejan el sello de la moral del capitalismo, de los capitalistas. Mientras la crisis se desarrolla, el régimen responde con violencia, pretendiendo imponer su orden, el orden capitalista. Para los trabajadores, en cambio, por aquí no van ni el orden ni las soluciones. La moral de clase trabajadora se ve reflejada en las demostraciones de solidaridad y unidad de parte de todo un pueblo; ya lo comprobaron las familias nortinas en los últimos aluviones, las chilotas en la crisis de mayo del 2016, los profesores, nuestros hermanos en la pasada ola de incendios forestales. Con los trabajadores mineros no será diferente. Ellos, nosotros todos, somos la clase que diariamente levantamos el país; desde la salida de la primera máquina del transporte público, la atención del primer paciente en los hospitales, la enseñanza a nuestros estudiantes, hasta la reparación del alumbrado, del agua, de la última carga por estibar en los puertos.

Somos los trabajadores, somos la clase universal, creada desde las entrañas del más “prehistórico” capitalismo. Somos una clase histórica y, como tal, jugamos un papel histórico: construir la nueva sociedad.

 

(1) Modo de producción: Forma de producir los distintos bienes necesarios para la subsistencia. A lo largo de la historia se reconocen cinco modos de producción: comunismo primitivo, modo de producción asiático, esclavismo, sociedad feudal, capitalismo.

(2) Karl Marx, El Capital, capítulo xxiv, La llamada acumulación originaria.

(3) Terry Eagleton, ¿Por qué Marx tenía razón?

(4) El súper ciclo del cobre comprende el período entre los años 2005 y el 2012.



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