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LA DESILUSIÓN DEL PADRE HURTADO

El padre hurtado fue un verdadero apóstol de Jesucristo, un hombre que reconoció al Cristo resucitado en la esperanza y en la fe, pero también buscó al Cristo agonizante y sufriente en la cruz.

Representado en los miles de  sufridos, pobres y necesitados. En una época en que la crítica a su obra educativa fue cuestionada profusamente, incluso en algunos sectores jesuitas. Indudablemente ¿Chile es un país católico?, marcó no solo una pregunta que produjo escalofríos en ese entonces sino que desafortunadamente ese efecto se hace sentir incluso el día de hoy.

 

Alberto Hurtado Cruchaga nace en viña del Mar (Chile), el 22 de enero de 1901. Pasa su niñez en el fundo Mina del agua, cerca de Casablanca, con sus padres, Alberto Hurtado Larraín y Ana Cruchaga Tocornal, y su único Hermano, Miguel, dos años menor que él. En 1905 fallece su padre, lo que acarreará serias dificultades económicas y la posterior venta de las tierras, que eran patrimonio familiar. Por ello se trasladan a Santiago y comienzan a vivir en casas de distintos parientes, sin tener una propia. En 1909 ingresa al colegio San Ignacio. Ese mismo año hace su primera comunión y al año siguiente, es confirmado.

Las dificultades económicas no impiden que, junto a su madre, trabaje por los más pobres en el patronato San Antonio. [1]

Sin duda alguna, la pregunta ¿qué es la Justicia? siempre ha sido enigmática y es posible que vivan tantas respuestas como conciencias morales existan. Adentrémonos en la impresionante descripción y en la gran virtud del filósofo español José Ferrater Mora, para entender más sobre este respecto.

Si en un intercambio una de las partes recibe del otro menos de lo que corresponde por lo que ha entregado a ésta, se dice que el intercambio no es justo. Si se supone que pertenecen a una persona o a una cosa ciertas propiedades que se le niegan o retiran, se dice que tal negación o tal sustracción no son justas.

He aquí dos de las fuentes que suelen dar origen a la idea de la justicia; una es la igualdad (en determinados respectos) entre dos partes; la otra es la posesión por una persona o cosa de lo que le corresponde y la restitución a una u otra de semejante posesión.

[1] Centro de Estudios y Documentación “Padre Hurtado” de la pontificia Universidad Católica de Chile, Un Fuego que enciende otros fuegos, Página 11.



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