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La Educación también es una lucha revolucionaria

Chile ya no es el mismo. El avance en los últimos años de las luchas populares ha marcado la agenda de gobiernos, conglomeraciones políticas y partidos políticos tradicionales.  La unidad de acción, las asambleas, el surgimiento de mesas territoriales canalizando las demandas específicas de cada localidad, el control territorial, el enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, son síntomas del avance de la conciencia del pueblo y el debilitamiento de quienes sostienen el actual sistema.

El año 2011, marcado por convulsiones sociales, nos dejó un Chile distinto. Comenzamos con el “Puntarenazo”,  a principios de año, donde el alza del gas provocó un ataque directo a los bolsillos de los magallánicos desembocando en una gran ola de manifestaciones. Patagonia sin represas, el paro nacional convocado por la CUT, la muerte del estudiante Manuel Gutiérrez, todos acontecimientos de ese año. Pero sin lugar a dudas, el 2011 es el año de los estudiantes. A mediados de mayo, aparecen las primeras manifestaciones, las cuales, al paso de los días, se radicalizan, bajo la consigna de “Educación gratuita, de calidad y sin lucro”.

En esos agitados días, vimos en las calles a cientos de miles de chilenos, estudiantes secundarios, universitarios, pobladores, trabajadores. La demanda por la educación se caracteriza por ser transversal a todos los sectores de nuestro pueblo, no sólo las marchas fueron las responsables de masificar y demostrar el descontento, las tomas por largos meses de los establecimientos, los cacerolazos en las poblaciones, la suma de sindicatos portuarios, del cobre, de la educación,  dieron vida y fuerza a una demanda concreta.

Es necesario destacar que se trata de un movimiento que se apoyó en todo momento sobre la movilización masiva, donde los dirigentes de aquel tiempo fueron empujados a participar del proceso.



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