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La lucha de los profesores es la lucha de los trabajadores

Fotografías por: Luciano Paiva

En 1844, un joven Karl Marx de 26 años, analizaba con ojo crítico la sociedad capitalista ya instalada, sus dinámicas internas y los maquillajes que elaboraba la burguesía para representarla, falazmente. En sus Manuscritos Económicos y Filosóficos, comenzando el capítulo sobre Salario, señalaba que:

“El salario está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista. El capitalista puede vivir más tiempo sin el obrero que éste sin el capitalista. La unión entre los capitalistas es habitual y eficaz; la de los obreros está prohibida y tiene funestas consecuencias para ellos(1).

Son los primeros esbozos que Marx hacía respecto de la lucha de clases, concepto que él no descubrió, pero que sí adoptó para explicar el desarrollo de la historia de la humanidad. Junto a Engels, en 1848, y a solicitud de la Liga de los Justos, elaboraron el Manifiesto del Partido Comunista. Documento dirigido a los trabajadores europeos, ideado para pasar a la acción y unirse contra el enemigo común: la burguesía. En sus primeras líneas, se lee:

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada a veces y otras francas y abiertas; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.”(2)

Hasta nuestros días, estas líneas cobran vigencia pues, aún en estos tiempos modernos, continuamos reproduciendo la misma relación productiva-social de antaño: nos explotan como en aquellos años.

 

NUESTROS MAESTROS Y SUS DEMANDAS, LAS DEMANDAS DE TODO UN PUEBLO.

La reciente crisis del régimen no es un hecho fortuito, no ocurre de manera aislada, es el correlato chileno del debilitamiento del capitalismo a nivel mundial. La noción de progreso para la sociedad es derribada, provocando como resultado el despojo de derechos, sobreendeudamiento de los trabajadores, restricciones que se planean y ejecutan para el rescate de bancos y de la “imagen país”, de modo que permita la inversión privada y el reflote del capitalismo. Es una crisis generalizada, que en Chile se manifiesta en diferentes niveles; económico, político, ideológico… moral.

Cada iniciativa impulsada por el gobierno, por la burguesía, no hace más que evidenciar lo distante que siempre ha estado de los trabajadores. El nulo interés de resolver las demandas de los diferentes sectores. Su incapacidad para resolver la crisis del capital. Así, en estos escenarios es que, durante el 2015 se aprueba el proyecto de “carrera docente”, el cual, en resumen, significa hacer una reforma para despedir profesores, eliminando sus derechos adquiridos, empujar a los maestros antiguos a la miseria de la jubilación, y para establecer un cuerpo docente sometido y disponible. Eso es lo medular del proyecto. Lo demás es una larga lista de agravios accesorios. Los aumentos de sueldo son condicionados y esquivos; la formación profesional es limitada y destinada al lucro de las empresas educacionales bien conectadas a los altos funcionarios del Estado. Se exigirá un título universitario y un rendimiento mínimo en la PSU que no valdrán nada, pues para trabajar como profesor se deberá cumplir con un examen “habilitante” (3).

Las recientes reformas que hemos visto desfilar en las promesas tanto de los bloques políticos, como de cada uno de los candidatos y parlamentarios, responden al método que tiene la burguesía de enfrentar la crisis. Por un lado, vociferan en todas las direcciones de que se harán ingentes transformaciones –en el terreno ideológico, teórico-, pero, por otro lado, en el terreno práctico, sus promesas vuelven a convertirse en “nuevas viejas maneras” para desmovilizar a los trabajadores, ofrecerles “ilusiones” que en nada se aproximan a resolver las demandas que se exigen. Las reformas no hacen más que proteger el régimen, mantener la naturaleza del sistema, mostrando, de paso, que no se tiene ninguna intención de cambiar las bases de cómo se construye sociedad.

Los profesores, ante este escenario, con la unidad y movilización de sus bases, a contracorriente de las decisiones tomadas –sin consulta ni mayor discusión con los profesores del resto del país- por el Colegio del gremio, rechazaron de plano la propuesta del proyecto de “carrera docente”. Sostuvieron las movilizaciones junto a estudiantes, exigiendo nueva dirección, negando la autoridad de la dirigencia nacional pro-gobierno. Si bien, al final de esas jornadas no se ganó el rechazar definitivamente el proyecto –el cual fue aprobado que será discutido el año 2016-, sí se ganó en unidad, en el fogueo de dirigentes que se probaron al calor de las movilizaciones, discusiones, coordinaciones y representación de una voz colectiva. Se ganó moralmente para las luchas venideras, las más definitivas… las luchas por cambiarlo todo, como alternativa de lo que dicta la burguesía y quienes se hayan cómodos en el Parlamento.



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