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La Otra Esclavitud

“Dentro de veinte años te sentirás más arrepentido por las cosas que no hiciste, que por las que hiciste. Por tanto, suelta los cabos. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos favorables y despliega tus velas. Explora. Sueña. Descubre.”

(Mark Twain)

No vivimos. Sobrevivimos.

Seguramente muchas y muchos de nosotros esperamos ansiosamente el último día de trabajo y nos subimos con evidente agrado al transporte de regreso a nuestro hogar, celebramos y disfrutamos a concho nuestro descanso, y en dirección inversamente proporcional a esta maravillosa alegría, afrontamos el retorno al primer día laboral, ¿es normal?

Cifras recientes obtenidas del banco de datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) –que toman en cuenta tanto las jornadas laborales como la edad media de jubilación- destacan a Chile como uno de los países más trabajólicos de la OCDE, pues roza las 2.050 horas anuales de trabajo, superándolo sólo Corea del Sur, el país que más tiempo dedica a la “producción”.

Recordemos que solo a partir del 1º de enero del año 2005 comenzó a regir en Chile la modificación de la jornada máxima laboral de 48 a 45 horas semanales. Muy alejados de Noruega, país en el que se  trabaja 35 horas semanales, no pudiendo excederse de las 10 horas extraordinarias por semana, ni de las 25 al mes. En Luxemburgo, en tanto, se trabaja entre 1.550 y 1.650 horas anuales, encontrándose muy por debajo de Alemania y Holanda, donde se dedica al trabajo 1.350 y 1.450 horas anuales respectivamente. Sí, estamos lejos de alcanzar “el desarrollo”, término sobrevalorado pero importante a la hora de sacar cuentas.

Paiva



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