cápsulas

La verdadera faz del régimen.

“Aquí la represión es casi cero. Te dejan movilizarte sin problemas. Incluso te resguardan”. Podría  parecer raro, fuera de contexto, pero este era el comentario acostumbrado acerca del tenor de las movilizaciones en Antofagasta, …eso hasta la tarde-noche del jueves 12 de mayo, cuando un contingente de medio centenar de carabineros de FFEE reprimieron con total violencia, sin cuartel ni discriminación, una movilización de trabajadores y estudiantes que solidarizaban con la lucha del pueblo en Puerto Montt y Chiloé.

Pero entonces, ¿Qué cambió? ¿Por qué esta violencia sin precedentes? …¿Sin precedentes? Es importante señalar algunos antecedentes. La historia de la explotación del salitre y el cobre en el norte tiene páginas gloriosas y trágicas. Junto con la colosal organización de los trabajadores, están las masacres a principios del siglo XX. Sólo por mencionar algunas, la mañana del 06 de febrero de 1906, con trabajadores ferroviarios movilizados reclamando la modificación de sus horarios y, con ello, ampliar su hora de colación, fue respondida con fuego de arsenal de la marina, falleciendo una trescientas personas en el lugar. La tragedia se le conoce como la Matanza de la Plaza Colón. Habían respondido, no con diálogos, sino con la violencia acostumbrada. El año siguiente tocó desangrar a obreros salitreros chilenos, bolivianos, peruanos, junto a hijos y mujeres. La masacre de la escuela de Santa María de Iquique es una herida profunda en la anatomía de nuestra clase trabajadora, herida que aún duele.

Pero la historia no termina allí. Los años 70s atestiguaron un nuevo despertar y avance en la organización de los trabajadores. No solo el proyecto de la Unidad Popular “amenazaba” con despojar a la burguesía de sus privilegios; la maduración de la consciencia del pueblo, materializada en numerosas organizaciones revolucionarias de avanzada, planteaba claramente la necesidad de pasar a la ofensiva, lo cual hubiera inaugurado una nueva etapa en la lucha de clases en el contexto mundial, de haber triunfado. El imperialismo no se lo podía permitir y, frente a la duda que tuvo la UP de dar el paso hacia adelante luego del tanquetazo de agosto de 1973, tomó la ofensiva y tiñó de tragedia el bienintencionado proyecto democrático socialista conducido por Salvador Allende. La dictadura golpeó con fuerza desmedida en todo el país, no calculó plazos, sólo metas; no escatimó en fuerzas, planificó dónde debía dar golpes certeros. Antofagasta y el norte de Chile fue “arrasado” por la represión. En suma, cuadros, militantes, gente afín al proyecto de la UP y aquellos que sólo tenían alguna ligazón parental, o bien no, cayeron en las manos de la tortura. Los centros de tortura iniciaron su macabra tarea sin filtros, para luego pasar a ser sistemático y selectivo.

Y esta no es historia de muchos años, está aquí, son los hechos que preceden las nuevas movilizaciones de hoy, es el correlato reciente, el que, aunque parezca poco creíble, el régimen teme. Pero, ¿A qué le teme el régimen?

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La fuerza de los explotadores está en mantener a los trabajadores enajenados, alienados, convertidos en meros consumidores. Los explotadores siempre han temido a la unidad de los miles y miles de trabajadores, de esos “brutos”, de la chusma que le produce sus riquezas. Le temen a la poderosa fuerza que puede llegar a construir el pueblo. Teme el volver a reeditarse las jornadas de mediados de los 80s, cuando éste se sacudió de los miedos y decidió responder a la dictadura, saliendo a las calles, arrinconando a esta “sangrienta empresa”, obligando al Imperialismo estadounidense a decidir por una nueva salida, en apariencia menos violenta, dirigida por la conservadora Democracia Cristiana.

Este formato de capitalismo nuevamente vuelve a entrar en crisis, una crisis que corre a la par con la crisis general del capital a nivel planetario. No es una cosa aislada, es el régimen en su conjunto el que se derrumba frente a nuestras propias narices. Y el régimen no halla con fórmula para detener su agónico deceso, como moribundo que se aferra a la vida comienza a temer de su inevitable muerte. Y cuando las crisis se agudizan, la lucha de clases se hace muy evidente. Las clases toman posiciones y el futuro desenlace comienza a ser más claro. Si ayer los carabineros de Antofagasta eran “permisivos”, “dialogantes”, “buena onda” incluso; hoy son energúmenos volviendo a re-editar las formas más salvajes de represión, mostrando su verdadera faz.

La marcha del jueves 12 de mayo fue organizada para salir de la histórica Plaza Colón. No era tan sólo para solidarizar con nuestro pueblo en el sur, el cual, echando mano a la acción directa y a los métodos del poder popular por parte de amplias masas, ha puesto en la palestra nacional la demanda por dignidad para todo un pueblo, denunciando que el capitalismo es el causante de la crisis vivida hoy allí, con su mar y sus recursos en franco desastre ambiental. No, no era solo por eso. También era para denunciar la necesidad de que, aquí en el Norte, el pueblo comience a organizarse por sus demandas, las cuales tienen el mismo origen que en la X región: el capitalismo.

Los capitalistas comprenden esto último, saben que deben evitar que todo un país se paralice por solidaridad con los trabajadores del sur, o bien por sus propias demandas. Lo saben, y también saben que éste es un momento delicado, donde la debilidad de todo el sistema se deja ver. Por eso, una vez abandonada la ofensiva de reformas, hecho los cambios de gabinete, pone a los viejos nombres, ya no para dialogar, ahora es para golpear y contener por la fuerza. Es un momento donde los numerosos casos de corrupción han minado la confianza que se tuvo alguna vez en los partidos tradicionales, …si es que. Es un momento donde la crisis deja ver la siniestra cara del capitalismo más violento. Así como ayer noche, cuando al llegar al cruce de Baquedano con la costanera Balmaceda, más de cincuenta carabineros de Fuerzas Especiales, sin su identificación, ni asco ni pudor, sin amedrentamiento de los trabajadores y estudiantes que se manifestaban, luego de la orden dada por el oficial a cargo, salieron como bestias a capturar y golpear a todo quien se le pusiera por delante, sin importar que fueran niños ni mujeres. El mensaje estaba claro, había que intimidar e instalar el miedo, ese mismo mensaje que se dio las primeras jornadas de la noche del 11 de septiembre de 1973.

La lucha de clases va aclarando las aguas. Pone, de un lado, a quienes no quieren cambiar nada, y tienen a su servicio a bestias que son despojadas de empatía y sensibilidad, y no hacen más que confundir “trabajo” con “darle de golpes a niños, jóvenes, adultos”, incluso disfrutándolo. Y por otro lado va madurando un pueblo que va comprendiendo su rol como creador de la historia, como responsable de parir una nueva sociedad. Éste pueblo no ha sido intimidado por las bestias al servicio del capital, por el contrario, el ataque de anoche no hizo más que aumentar la sed de justicia, la dignidad por las demandas de todo Chile, la claridad de que todas ellas se resuelven con una sola lucha: cambiarlo todo.



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