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Lucila antes de Mistral

“Me gusta soñar destinos
cuando quiero cavilar…”

En las áridas tierras antofagastinas, la joven Lucila Godoy Alcayaga adoptaría el seudónimo que la haría famosa alrededor del mundo. Gabriela Mistral vivió en Antofagasta, pero poco se sabe de su paso por nuestra tierra. Más allá del ícono que representa la ganadora del Nóbel, la Mistral observó a través de su ventana el paisaje hostil y éste se coló con sutileza en su pluma.

 

Gabriela Mistral, imagen perpetua de la prosa femenina chilena del siglo XX, figura pop del billete de cinco mil pesos y tal vez el personaje que abrió las puertas de una farándula ácida y polémica en torno a su cuestionada homosexualidad, hoy celebra su cumpleaños de forma silenciosa, lejos de la bullada parafernalia como fue su costumbre en vida. De su pluma es ampliamente reconocida la Ronda De Los Niños como los Juegos Florales, mientras que ensayos, biografías no autorizadas y discursos moralistas publicados póstumamente que ahondan la vida, más no la obra, de la grandiosa Mistral, madre de un hijo suicida y amante febril de una mujer, se acumularon por años en las estanterías de best sellers en lugar de su amplia selección de cuentos y poemas reconocidos internacionalmente, como sutil recordatorio de nuestra idiosincrasia.

El nombre de la ganadora del Nobel se encuentra sujeto a diversas interpretaciones, pero no será este espacio el lugar en donde daremos tribuna a aquellas temáticas que es posible encontrar en grandes cantidades en portales de Internet y tendenciosas publicaciones. Hoy quiero referirme a Lucila, aquella joven maestra rural que abandonó las fértiles tierras del valle del Elqui para asentarse por dos años en nuestra Antofagasta, un drástico cambio que sin lugar a dudas influiría en su ejercicio como escritora.



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