La amante inglesa

Marguerite Duras: “La Amante Inglesa”, incomunicación y alienación

“Que pourrait-on montrer d’autres que el qu’on voit?

Ce qui est simplement vrai et qui échappe à l’homme”

(Qué otra cosa podría mostrarse sino lo que uno ve?

Aquello que simplemente es verdadero y escapa al hombre.)

(M. Duras)

Marguerite Duras fue siempre la misma: rebelde, contestataria, irreverente, transgresora, honesta, extraordinariamente inteligente, y valiente. Sin ella, no es posible hablar de la irrupción de lo femenino en la literatura, pero aún más, no es posible hablar en general de escritores y literatura sin incluirla.

 

Y qué diremos: “¿Quién era ella?, ¿la pequeña alumna de Saigón que descubre la pasión con un millonario chino o la militante del partido comunista que no deseaba perder las esperanzas en el comunismo? ¿La feminista que expresó como ninguna otra el deseo de las mujeres o esta autora célebre enamorada de sí misma? ¿La más grande escritora francesa o esa minúscula combatiente aferrada a la vida con uñas y dientes? Todas ellas a la vez, por supuesto.”[i]

 

Marguerite Donnadieu (1914-1996), nació un cuatro de abril, cerca de la ciudad de Saigón (Vietnam), actual Ho Chi Minh,  en una pequeña localidad: Gia Dinh, en la, en ese entonces Indochina francesa…”Mi país natal es una patria de aguas”, contaba para referirse a esos años duros de la infancia que habrían de marcarla para siempre a ella y su escritura. Su padre, profesor de matemáticas, fue  repatriado cuando ella apenas contaba con cuatro años, nunca regresó, moriría en Francia, en la tierra de Duras donde había comprado una casa para que la familia pasara los veranos, de esas tierras tomaría Marguerite, el apellido que la inmortalizaría. Su madre tuvo que salir adelante, luchando contra las aguas que inexorablemente arrastraron a su familia a la ruina. Es ese dolor de la infancia, el de sus golpes y miserias, la que resurgirá ya instalada en Francia, estudiando Derecho, en una literatura de guerra personal.

 

Nunca estuvo ajena a lo que le tocó vivir, y ese es su sello personal, Marguerite militante, ingresa en 1943, a la lucha clandestina contra los nazis en las filas de la Resistencia Francesa, a lado de su marido Robert Antelme y su amante Dionys Mascolo. Tomada por sorpresa en una redada logra romper el cerco, con la ayuda de F. Mitterrand,  y huye; su marido no corre la misma suerte y termina en Dachau, el famoso campo de concentración.

 

Pese a sus deseos de divorciarse, renuncia a ello para cuidar de su esposo, cuando éste retorna lastimosamente de su encierro. De esta etapa de su vida surgirá la novela: La Doleur (El Dolor).

 

Su producción es incesante, casi imperiosa, incluye novelas, guiones, y obras de teatro.   Es muy difícil hablar de esta pequeña mujer extraordinaria, de esta transgresora impenitente. Adentrarse en sus escritos, todos conteniendo algo de ella, es navegar hacia el centro mismo de lo que no se escribe, del “blanco enferme” y eso es exactamente lo subversivo de su literatura. Leer a la Duras es enfermar un poco, de dolor, de angustia de soledad.

[i] Marguerite Duras: Mujer y escritura. Miradas al fin del milenio. Teresa Suárez. (Compiladora) Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe. Argentina



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