Atrapa la vida

Nadine Gordimer: “Atrapa la Vida”, el espíritu humano y la fragilidad de la existencia

“No pretendas saber, pues no está permitido, 
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.”

(“Carpe diem”  Horacio)

¿Qué actitud tomar frente a “la presencia acechante de la muerte que convierte la más tenue de las relaciones en un sacramento”[i] ?, ¿de qué manera insospechada, la noticia flagelante, inhóspita y abrupta de una enfermedad mortal,  resignifica todo, y todo lo altera? Este es el punto de partida que toma la autora sudafricana, Nadine Gordimer, para narrarnos, en el contexto de una sociedad que apenas unos años ya sufría la violencia de un sistema de opresión aberrante, conocido como “apartheid”, la historia de Paul Bannerman, un ecologista blanco de treinta y cinco años de edad, que debe plantarle cara a un cáncer tiroideo y un duro tratamiento radioactivo y que a  raíz de la enfermedad, y para proteger su entorno (mujer e hijo), deberá pasar su convalecencia en la casa familiar, como el hijo pródigo que retorna al hogar.

“Atrapa la vida”, es, sin embargo, más que el relato de supervivencia del protagonista (Bannerman, hijo), es la historia también de todos los que le rodean, sus padres, su

[i] “Atrapa la vida” Nadine Gordimer. Editorial Bruguera. 2005.



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