Crónicas marcianas

RAY BRADBURY: “Crónicas Marcianas”: La condición humana y la amenaza del progreso

“Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?”

Jorge Luis Borges

    Corría el año de 1985 y una muchacha de no más de 14 años se enfrentaba a la lectura de un cuento que vaticinaba un futuro temible. Durante años, conservó en su memoria el recuerdo del poema de Sara Teasdale “Vendrán lluvias suaves”  (“There will como soft rains”) en su corazón, y las dos primeras frases de aquel poema con que Ray Bradbury en el cuento del mismo nombre, hacía una alegoría poética y funesta del fin de la raza humana.

 

“Vendrán lluvias suaves y olor a tierra,
Y golondrinas dando vueltas con su vibrante sonido;…”(1)

“There will come soft rains and the smell of the ground,

And swallows circling with their shimmering sound;”

Profundamente impactada, por la prosa sencilla y dulce de Bradbury y por la fantasía que auguraba un futuro, que sin ser real nos comunicaba algo acerca de la realidad, revolvió librerías y bibliotecas a la siga de este autor americano. Extasiada, con el entusiasmo de la juventud y  la obsesión del enamorado, leyó cuanto cayó en sus manos de la denominada literatura de Ciencia Ficción. Bradbury, Asimov, Carsac, Clarke. El universo de autores y mundos fantásticos parecía no tener fin.

Pero fue Bradbury, finalmente quien conseguiría el premio mayor a los ojos de esta adolescente, que ya habrán adivinado,  se trata de quien escribe estas palabras. Después de “Vendrán lluvias suaves”, que es un cuento que forma parte de una colección que se publicaría en Buenos Aires, con prólogo de Jorge Luis Borges, por allá por el año 1955,  que ya había visto la luz en EEUU, cinco años antes,  y que llevaba por título el adorable nombre de “Crónicas Marcianas”. Le siguieron “Fahrenheit 451” (llevada al cine por el inmortal F. Truffaut), “Remedio para melancólicos”, y “El hombre ilustrado”. Cualquiera de todas estas obras maestras habría servido para retratar el genio literario, la prosa poética, y la ironía narrativa que circunda todas sus fábulas; situaciones y personajes cotidianos que reflexionan sobre nuestro tiempo, y sus conflictos.

Su autor, nacido como Ray Douglas Bradbury vino al mundo el año de 1920 en Waukegan, Estado de Illinois. El año de 1938 se graduó en la escuela secundaria, y se ganó la vida como vendedor de diarios, hasta que en 1943 dejó dicho trabajo y se dedicó a escribir a tiempo completo, publicando en diversos medios numerosos relatos breves. Pero no sería sino hasta la aparición de “Crónicas Marcianas” que comenzaría su meteórica y exitosa carrera.  Bradbury fue: Escritor, poeta, guionista de televisión y cine, y autor teatral; publicó en vida una treintena de libros. En 1964 fundó el teatro Pandemonium, donde se montaron algunas de sus obras. Su intensa actividad en el mundo del cine y de la televisión, lo llevaría a destacarse como guionista de la película de John Huston “Moby Dick”(1956). Algunas de sus obras fueron adaptadas para programas de televisión en The Twilight Zone (traducida en nuestras tierras como “La dimensión desconocida”) y el Ray Bradbury Teather. Fue también el creador del pabellón norteamericano en la Feria Mundial de Nueva York en 1964, y en 1980 colaboró con la firma de arquitectos que proyectó el Westside Pavillion en Los Angeles y la Horton Plaza en San Diego. En 1989 fue nombrado Gran Maestro de la SFWA (Asociación de autores de ciencia ficción norteamericanos), recibiendo además en 1999 el SF Hall of Fame por toda su carrera. Falleció recientemente, el año 2012, en la ciudad de Los Angeles, Estado de California.

El siglo y la época que le tocaron por circunstancias históricas a este admirable crítico social, son de suyo extraordinarias, se trata del siglo de las dos guerras mundiales, del lanzamiento de la Bomba Atómica, y el desarrollo apabullante de la ciencia y la tecnología; Bradbury viviría inmerso en la Guerra Fría, observaría el abandono de la idea de la revolución a escala mundial, y el triunfo absoluto del burocratismo; y en su país, la persecución Macartista contra los comunistas y cualquier cosa que se sospechase ideológicamente peligrosa.

En palabras de Richard Barnet (“Real Security”, 1987), citado por Eric Hobsbawm en “Historia del siglo XX” y que nos sirve para visualizar la época del autor: “La economía de guerra les facilita una posición cómoda a decenas de miles de burócratas vestidos de uniforme o de paisano que van a la oficina cada día a construir armas atómicas o a planificar la guerra atómica; a millones de trabajadores cuyos puestos de trabajo dependen del sistema de terrorismo nuclear; a científicos e ingenieros pagados para buscar la “solución tecnológica” definitiva que proporcione una seguridad absoluta; a contratistas que no quieren dejar pasar la ocasión de obtener beneficios fáciles; a guerreros intelectuales que venden amenazas y bendicen guerras”.



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