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Transportarse en La Perla – Esa costumbre de cumplir con el capitalismo.

Las primeras luces del alba por el norte, y ya las paradas se hayan llenándose de trabajadores. Hombres y mujeres, algunos bostezan, otros con audífonos matan el aburrimiento de esperar que pase el TRANS. ¿Demorará mucho? No tarda. Sus colores se ven a la distancia. Alzar la mano, notar que ya viene a la mitad de lleno… ¡Sorpresa! Esta vez hay asientos para echar la humanidad. Así se comienza la semana.

Luego de cancelar los $450 y tomar asiento, va siendo testigo de cómo se puebla el parque automotriz y la ciudad se va llenando de paradas atestadas. Cada cierto tramo de recorrido, el microbús se colma; apretada la gente sigue moviéndose por el pasillo para dejar espacio. Las mochilas de los estudiantes, aún sobre las espaldas, achican más el circuito. Nadie les dice nada. Con señales visuales y un gesto, ellos infieren lo que todos quieren. Se sacan las mochilas, el espacio se agranda. El chofer es el más contento, más espacio equivale a tres o cuatros pasajeros más, multiplicado por $450 equivale a $1.350 a $1.850. Podría verse como una cantidad sin significancia para una ciudad como Antofagasta, pero, si contamos la cantidad de pasajeros hasta aquí –cálculo que saca todas las mañanas el pasajero con quien viajamos en esta historia-, en promedio resultan ser como 45, entre trabajadores y estudiantes, en el interior del móvil. Así la cosa cambia. Los cálculos serían óptimos para el chofer si todos pagaran pasaje completo. Pero no, hay varios estudiantes… muchos para el gusto de varios choferes.

¿El salario del chofer? No es fijo, varía dependiendo de cuántos pasajeros se transporte, y qué tipo de pasajeros. Llevar sólo a estudiantes es asegurarse ganar poco. En cambio, si se logra sólo transportar a quienes pagan completo, no habría razones para no completar el día con una sonrisa por la “buena producción”. “¡Cómo no, si el monito se mueve con platita!” Y aquí todo cuesta caro. Pero bien, durante el día se debe entregar una cuota al dueño de la máquina, para que cumpla con los gastos de pago de ésta, y la cuota que pide la línea. Los choferes de líneas que dan las vueltas en los cerros y la costa, sin necesidad de mucha carrera, sacan cuentas alegres, pues se llenan más de 10 veces por viaje. Allí sí que hay ganancias.

Caso aparte en lo “anecdótico” fue la campaña de la rebaja en el pasaje para los abuelitos de la tercera edad. ¿Qué pasó? Según decía el cartel en la mañana, pegado detrás del asiento del chofer, la Sra. Karen Rojo gestionó con algunas líneas de transporte, pero se le olvidó acordar el trato con ADUTAX. ¿Consecuencia? Las micros siguieron cobrando los $450 a los abuelos. Tardaron una semana para resolver y llegar a trato con la gremial de micreros. Así entonces, los abuelitos, con carnet, pueden desplazarse por $150. ¿Fue un descuido? Juzguen ustedes. Lo que es claro es que hay falta de organización, en todos los niveles.

Que los abuelitos paguen menos ¡Muy de acuerdo! Es más, ningún trabajador sensato se negará a la rebaja del pasaje de este grupo etáreo, con y sin carnet. Pero, ¿Resuelve esto el problema del transporte? En absoluto. Falta mucho, y la pregunta es ¿Quién debe hacerse cargo de la organización del transporte? ¿Los trabajadores del gremio? Una cuestión es clara, hasta aquí la cosa sigue desordenada.

El transporte en todo el país es un desorden absoluto, saturación a las primeras horas pues la jornada laboral comienza a las 08:00 en casi todas partes, provocando un caos en el desplazamiento. El parque automotriz copado, y en franco crecimiento. Las calles no están preparadas para tanto flujo. ¿El estrés? Aumentando acorde avanzan los días, para llegar al viernes y pausar un poco, sabiendo que es engañoso pensar que “nos salvamos”. ¡Por ahora! Dos días más y seguiremos siendo esclavos del sistema. Volver a levantarnos temprano, para reproducir así, hasta cuando el cuerpo aguante, un continuo rutinario de horas sueño, viaje, trabajo, colación, salida, deberes, responsabilidades, ocio, y vuelta al ruedo. Eso sí, hay que aclarar que ¿Es el trabajo el problema? No. El problema son las relaciones en que se establece el trabajo hoy. Estas son relaciones de explotación.

¿Cómo han de ser las relaciones del mañana? En la sociedad futura, para que sea justa, debe cumplir algunas condiciones: i) Debe ser conducida y organizada por los trabajadores; ii) Ha de ser edificada sobre relaciones de cooperación, y no de explotación. Estas -entre otras- condiciones harán del trabajo la actividad que permita al hombre ser un ser libre, un ser humano desarrollado en su amplitud. Pero eso hay que construirlo desde hoy.

¿Debe seguir siendo así? No es sano, ni es natural. ¿Por qué continuamos haciéndolo? Hasta aquí, el capitalismo ha triunfado, y en su triunfo establece ritmos para la producción, pero no organiza nada pensando en la vida de las personas, sino que lo hace pensando en el orden del régimen ¿Producimos para nuestras vidas? En lo más mínimo. Producimos para un empleador, particular o público. En este último caso es para el Estado, pero ese Estado, y esa ganancia, va a parar a pocas manos también.

¿Vivimos en ciudades que no son “amigables”? Las ciudades no están pensadas para hombres y mujeres, para la familia de los trabajadores. Está pensada para el capital, y de la producción de éste es que la sociedad se ha dividido en estamentos y en dos clases antagónicas. De estas dos clases, una es la que viaja sobre las micros por las mañanas, tardes y noches. Esta es la responsable que la vida del transporte se planifique de manera “saludable”. Esta es la que debe aprender a ser gobierno. Si no lo hace, nos condenaremos a vivir de esclavos del capital. Los trabajadores tenemos una responsabilidad, y hay que asumirla conduciendo “la micro de la historia”.

¿Qué dice usted?

 



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