dialogos

Un primer encuentro

Cangrejo: Bueno, que al hablar “por” los subalternos, es decir, al representar los intereses de aquellos que se encuentran en la marginalidad de la subalternidad como sujetos sin voz, en última instancia lo que se hace es reproducir su subalternidad, puesto que en dicho acto de la representación no existe un cambio en la posición inicial de los marginados.

Yo: No estoy entendiendo.

Cangrejo: Lo que trato de decir es que a  Spivak le interesa reflexionar sobre la posibilidad de hablar, o mejor dicho: de ser escuchado, que tiene el subalterno…

Yo: ¿Y eso que tiene que ver con Mackinnon? [Interrumpí].

Cangrejo: Que Spivak cree que al hablar “por” el subalterno, lo que se hace es homogenizar al subalterno en una categoría homogénea, sin diferenciar, en este caso, entre una mujer blanca, negra, latina, inmigrante o pobre, sino que se aglutinaba a todo marginal dentro de una sola categoría: la de ser mujer, y se piensa de forma muy inocente que a estas las unen “experiencias comunes”.

Yo: Comprendo.

Cangrejo: Me parece un poco grosera la política de la representación.

Yo: Comprendo, pero aun así pienso que alguien tiene que representar. No conozco otro modo.

Cangrejo: Yo tampoco, pero eso no quita que el diagnostico de Spivak sea efectivo. Sobre todo pasa el caso de los intelectuales, que al pretender representar con sus discursos a los “otros”, a los subalternos, lo que hacen es contribuir a silenciar sus voces.

Yo: Sí. [Muevo la cabeza y guardo silencio. Esta vez el cangrejo sí me vio, el Sol ya se escondía en el mar].

Cangrejo: Por eso no comparto mucho la tesis de Mackinnon. En términos generales, en lo que se refiere a la lucha de las mujeres, es la mujer burguesa la que realmente es una mujer.

Yo: Claro. El feminismo no sería una teoría que emerge de aquellas cuyos intereses afirma, es decir: una teoría creada por las mujeres que defienden los intereses de las mujeres, sino que emergería de un sector de las mujeres que buscan arrogarse la representación de las mujeres en su conjunto, manteniendo al resto en el lugar de la subalternidad.

Cangrejo: Sí a esto se le sumas que el feminismo contemporáneo no solo hablaría en nombre de las mujeres subalternas, sino que lo hace incluso en un lenguaje académico del primer mundo, la situación se vuelve aún más irrisoria.  ¿Has leído a Judith Butler?

Yo: Solo El Género en Disputa. No entero.  ¿Tú lo leíste?

Cangrejo: No, a los cangrejos nos resulta difícil leer, y conseguir libros también. Pero de vez en cuando viene una joven a leer aquí en voz alta, he tenido suerte de escuchar ese libro entero.

Bueno, el asunto es que ella en el prólogo de ese mismo texto afirma algo así como: “aprender las reglas que rigen el discurso inteligible es imbuirse en el lenguaje normalizado, y el precio que hay que pagar por no conformarse a él es la perdida misma de la inteligibilidad”. Aquí, Butler defiende su lenguaje academicista aludiendo a que hacerlo entendible sería también normalizar su pensamiento.

Yo: [Sorprendido por su gran memoria]. Recuerdo esa parte, ahora me parece hasta chistosa. [Ambos nos reímos, o al menos él parecía reír. Es difícil saber cuándo un cangrejo se está riendo].

Cangrejo: En fin. Ahora hace frío, los atardeceres costeros son muy fríos.

Yo: Sí. Oye, me queda una última duda, ¿Se podría decir entonces que para Spivak la idea es tomar conciencia crítica del rol que ha cumplido la intelectualidad del primer mundo dentro en la causa feminista?

Cangrejo: Claro, se podría decir algo así. Quizás. Pero es una buena síntesis de todos modos: tomar conciencia de que a través de sus prácticas de homogenización y representación, han ayudado a mantener en la subalternidad a una cantidad importante de mujeres, no dándoles voz, sino que hablando “por” ellas, sustituyéndolas, haciendo de “sus” intereses los intereses de “las” mujeres en su conjunto.

Yo: Claro, es una buena síntesis.

Cangrejo: Claro.

Yo: Me debo ir.

Cangrejo: Que estés bien.

Yo: Igual tú.

Cangrejo: Oye, tu libro.

Yo: ¡Oh! Gracias.

Cangrejo: [guardó silencio].



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